Luis de Pablos
Poeta veterano en el Portal
Un placer leerte, Ligia.en los suburbios de mis viejas horas
acompasadas con bemoles nuevos
y mis viajeras alas de tergal
Un cordial abrazo.
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Un placer leerte, Ligia.en los suburbios de mis viejas horas
acompasadas con bemoles nuevos
y mis viajeras alas de tergal
Excelente poema, estimada Ligia.
Escucho el rezo del reloj de cuerda
en la memoria que me vuelve niña
cuando regresa verde la campiña
que casi nadie como yo recuerda.
Natura logra que el anzuelo muerda
cuando el ocaso de repente guiña
sus ojos verdes en la gaza armiña
que a todas luces hacen que me pierda
en los suburbios de mis viejas horas
acompasadas con bemoles nuevos
y mis viajeras alas de tergal
hoy hechas trigo, arena, miel y sal
bajo el influjo de segundos evos
cuando me das tus notas más sonoras.
Acuño entonces tanta compañía
que no hay en mi recinto espacio libre
porque tu gozo llevas fiel felibre
a los umbrales de la estancia mía.
Ya no hay pesares y si el sol se marcha
borra la escarcha
tu señorío,
con el estío
viene tu abrazo
con él enlazo
mis horas viejas al vaivén del mar
y al traje verde que no tiene par.
Ligia Calderón Romero
Heredia, Costa Rica
9 de marzo, 2015
Pulsa tu pluma el latir acompasado del alma en estos versos donde el lirismo hace gala y borda con gentileza las líneas del alma.
Escucho el rezo del reloj de cuerda
en la memoria que me vuelve niña
cuando regresa verde la campiña
que casi nadie como yo recuerda.
Natura logra que el anzuelo muerda
cuando el ocaso de repente guiña
sus ojos verdes en la gaza armiña
que a todas luces hacen que me pierda
en los suburbios de mis viejas horas
acompasadas con bemoles nuevos
y mis viajeras alas de tergal
hoy hechas trigo, arena, miel y sal
bajo el influjo de segundos evos
cuando me das tus notas más sonoras.
Acuño entonces tanta compañía
que no hay en mi recinto espacio libre
porque tu gozo llevas fiel felibre
a los umbrales de la estancia mía.
Ya no hay pesares y si el sol se marcha
borra la escarcha
tu señorío,
con el estío
viene tu abrazo
con él enlazo
mis horas viejas al vaivén del mar
y al traje verde que no tiene par.
Ligia Calderón Romero
Heredia, Costa Rica
9 de marzo, 2015
Las particulares citas que rescatas a tu tiempo son un excelente obsequio para quienes tenemos la suerte de entrar hasta tu espacio. Saludos cordiales para ti Ligia.
Escucho el rezo del reloj de cuerda
en la memoria que me vuelve niña
cuando regresa verde la campiña
que casi nadie como yo recuerda.
Natura logra que el anzuelo muerda
cuando el ocaso de repente guiña
sus ojos verdes en la gaza armiña
que a todas luces hacen que me pierda
en los suburbios de mis viejas horas
acompasadas con bemoles nuevos
y mis viajeras alas de tergal
hoy hechas trigo, arena, miel y sal
bajo el influjo de segundos evos
cuando me das tus notas más sonoras.
Acuño entonces tanta compañía
que no hay en mi recinto espacio libre
porque tu gozo llevas fiel felibre
a los umbrales de la estancia mía.
Ya no hay pesares y si el sol se marcha
borra la escarcha
tu señorío,
con el estío
viene tu abrazo
con él enlazo
mis horas viejas al vaivén del mar
y al traje verde que no tiene par.
Ligia Calderón Romero
Heredia, Costa Rica
9 de marzo, 2015
Escucho el rezo del reloj de cuerda
en la memoria que me vuelve niña
cuando regresa verde la campiña
que casi nadie como yo recuerda.
Natura logra que el anzuelo muerda
cuando el ocaso de repente guiña
sus ojos verdes en la gaza armiña
que a todas luces hacen que me pierda
en los suburbios de mis viejas horas
acompasadas con bemoles nuevos
y mis viajeras alas de tergal
hoy hechas trigo, arena, miel y sal
bajo el influjo de segundos evos
cuando me das tus notas más sonoras.
Acuño entonces tanta compañía
que no hay en mi recinto espacio libre
porque tu gozo llevas fiel felibre
a los umbrales de la estancia mía.
Ya no hay pesares y si el sol se marcha
borra la escarcha
tu señorío,
con el estío
viene tu abrazo
con él enlazo
mis horas viejas al vaivén del mar
y al traje verde que no tiene par.
Ligia Calderón Romero
Heredia, Costa Rica
9 de marzo, 2015
Escucho el rezo del reloj de cuerda
en la memoria que me vuelve niña
cuando regresa verde la campiña
que casi nadie como yo recuerda.
Natura logra que el anzuelo muerda
cuando el ocaso de repente guiña
sus ojos verdes en la gaza armiña
que a todas luces hacen que me pierda
en los suburbios de mis viejas horas
acompasadas con bemoles nuevos
y mis viajeras alas de tergal
hoy hechas trigo, arena, miel y sal
bajo el influjo de segundos evos
cuando me das tus notas más sonoras.
Acuño entonces tanta compañía
que no hay en mi recinto espacio libre
porque tu gozo llevas fiel felibre
a los umbrales de la estancia mía.
Ya no hay pesares y si el sol se marcha
borra la escarcha
tu señorío,
con el estío
viene tu abrazo
con él enlazo
mis horas viejas al vaivén del mar
y al traje verde que no tiene par.
Ligia Calderón Romero
Heredia, Costa Rica
9 de marzo, 2015
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