El tiempo de soñar

penabad57

Poeta veterano en el portal
Enorme su vientre de habitaciones poliédricas.

Juegos de balón, el teléfono negro
que timbra con el sonido agudo de la impaciencia,
voces de letanía, risas en el cubil.

Y las primeras dudas, y el primer canto a la vida,
y la penúltima inocencia- mi faz tras los visillos-;
y el deseo como una flor rota en el frenesí de la calle,
cuentos de ínfimo metal, los árboles sin ramas,
cimbreándose al contraluz del día.

Y el aire sobre la ola, espuma de cresta azul,
arenal oscuro, más oscuro que el gris del cielo.

Sé de la rutina de los comercios que dan a mi ventana:
la farmacia y el parpadeo interminable de su cruz verdosa,
la frutería y el olor a especias,
a canela, a cúrcuma, a azafrán.

Y siempre, siempre, el tiempo de soñar:

Imagino una conversación susurrante en la buhardilla
de jóvenes clandestinos, humo de hachís en las manos.

Imagino el estudio del pintor, un salón próximo que limpia la asistenta,
objetos de plata, libros y retratos,
diplomas y fotografías en las paredes.

Imagino vivir en el espejo, casi en penumbra,
con un rostro distinto, el de mi vejez,
sin la familia que ya no existe
más que en la memoria agrietada
o en el olvido.
 
Última edición:
Enorme su vientre de habitaciones poliédricas.

Juegos de balón, el teléfono negro
que timbra con el sonido agudo de la impaciencia,
voces de letanía, risas en el cubil.

Y las primeras dudas, y el primer canto a la vida,
y la penúltima inocencia- mi faz tras los visillos-;
y el deseo como una flor rota en el frenesí de la calle,
cuentos de ínfimo metal, los árboles sin ramas,
cimbreándose al contraluz del día.

Y el aire sobre la ola, espuma de cresta azul,
arenal oscuro, más oscuro que el gris del cielo.

Sé de la rutina de los comercios que dan a mi ventana:
la farmacia y el parpadeo interminable de su cruz verdosa,
la frutería y el olor a especias,
a canela, a cúrcuma, a azafrán.

Y siempre, siempre, el tiempo de soñar:

Imagino una conversación susurrante en la buhardilla
de jóvenes clandestinos, humo de hachís en las manos.

Imagino el estudio del pintor, un salón próximo que limpia la asistenta,
objetos de plata, libros y retratos,
diplomas y fotografías en las paredes.

Imagino vivir en el espejo, casi en penumbra,
con un rostro distinto, el de mi vejez,
sin la familia que ya no existe
más que en la memoria agrietada
o en el olvido.


Llegar a tu poesía es vivir las escenas penabad, se pierde la lectura mientras la mente se involucra en cada figura literaria que con genialidad vas dando vida, las esencias, los colores, los cotidianos movimientos y los sueños que no quieren perecer abren los ojos en tu tinta.
Gracias por el rato de esparcimiento que nos compartes, felicitaciones.
Te dejo mi humilde abrazo primaveral, es inventado, pero me sirve.
 
Llegar a tu poesía es vivir las escenas penabad, se pierde la lectura mientras la mente se involucra en cada figura literaria que con genialidad vas dando vida, las esencias, los colores, los cotidianos movimientos y los sueños que no quieren perecer abren los ojos en tu tinta.
Gracias por el rato de esparcimiento que nos compartes, felicitaciones.
Te dejo mi humilde abrazo primaveral, es inventado, pero me sirve.
Muchas gracias, Mireya, por la lectura y la amabilidad de tus palabras. Un abrazo.
 

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