Antares
Poeta adicto al portal
Sé que en la curva del mar me esperas,
con el mismo esplendor de juventud.
El tiempo se detuvo en ti
y a mí la felicidad me exime de la mortalidad.
Suelo dejarme caer en los abismos de la Tierra las tardes de otoño.
Y si te encuentro por casualidad,
acepto que tus ojos domeñe
los segundos y detengas cada movimiento terrenal.
Y sé que tu abrazo es el abrigo de todos los males.
Por eso la Naturaleza
inconstante y caprichosa,
debe aprender de nuestros silencios y de sonrisas seráficas, de los finales de tus manos...
Indescriptibles.
Allí dónde se detiene el alma
para sentirme.
Vívidas imágenes
reflejándose en el espejo,
tu nariz hundida en mi pelo...
Siempre has tenido la capacidad de meterte debajo de mi piel y entre mis piernas.
¿Sabes?
Entré una tarde de lluvia por error...
Y ahora
tengo que irme.
con el mismo esplendor de juventud.
El tiempo se detuvo en ti
y a mí la felicidad me exime de la mortalidad.
Suelo dejarme caer en los abismos de la Tierra las tardes de otoño.
Y si te encuentro por casualidad,
acepto que tus ojos domeñe
los segundos y detengas cada movimiento terrenal.
Y sé que tu abrazo es el abrigo de todos los males.
Por eso la Naturaleza
inconstante y caprichosa,
debe aprender de nuestros silencios y de sonrisas seráficas, de los finales de tus manos...
Indescriptibles.
Allí dónde se detiene el alma
para sentirme.
Vívidas imágenes
reflejándose en el espejo,
tu nariz hundida en mi pelo...
Siempre has tenido la capacidad de meterte debajo de mi piel y entre mis piernas.
¿Sabes?
Entré una tarde de lluvia por error...
Y ahora
tengo que irme.
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