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El tiovivo

wouu dulcinista me a dejado sin palabras
me encanto su relato .. mis felicitaciones
ya sabe que no solo son las mías ...
de verdad que es grato leerle gracias
y saludos desde México de todo su publico
un abrazo muy cordial
 
Eladio amigo ¿Tu te crees que no te voy a leer? bebelo mezclado amigo...jajaja
aparte de la broma,no me gustaria que sacaras algo sin avisarme, ¡Magnifico!
no me extraña en tí grandisimo escritor eres ¡MUY GRANDE AMIGO! ni tu mismo
te das cuenta,es fabuloso cada relato, de un misterio y una intriga que siempre
me dejas con ganas de leer más ¡GRACIAS AMIGO POR ESTE REGALO! al que no puedo
por menos que dar su reputación, estrellas todas y al magnifico autor un gran abrazo
por ser tan buen escritor, y amigo.Un ¡Placer leerte! feliz semana arte de las letras.
¡Valla no me deja dar reputación, pero me lo apunto para otro, te lo debo hermano!
 
Querido amigo; un relato admirable, como nos tienes acostumbrados. Con una mezcla de fantasías y realidades. Sólo me queda aplaudir tu talentosa pluma y agradecerte hayas compartido esta joya de escrito. Felicitaciones y un abrazo. :)
 
muy bueno tu escrito inesperado final.
 
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Como todas las primaveras, la feria había llegado al pueblo. El domingo, al igual que todos los años, el señor Horst Moench acompañó a su hija Ilse para que disfrutara de las atracciones.
Ilse no era una niña normal. Siempre paracía estar fuera de la realidad, imaginando cosas, aunque ella jurase que no eran imaginaciones , sino vivencias reales. El señor Horst Moench se sentía preocupado por su hija. Al ser viudo, temía que la falta de una madre, marcase negativamente la personalidad de la niña. Ilse, sin mucha alegría, se montó en la mayoría de las atracciones. Ya bien entrada la noche, llegaron hasta el tiovivo. Ya estaba apagado. Una sucia y polvorienta lona amarilla de plástico lo tapaba impidiendo el paso. Ilse echó a correr y levantando la lona se metió dentro. El señor Horst Moench la llamó, pero al no obtener respuesta, hizo lo mismo. Todo estaba oscuro y en silencio. Vio a su hija montada en un caballito verde de alas doradas. El tiovivo empezó a dar vueltas. La niña reía. Su risa era como un grito. Cada vez cogían más velocidad. Reían. Gritaban. De pronto, se vieron en una casa. Mujeres vestidas de negro andaban de un lugar para otro llorando. En una de las habitaciones, vieron dos ataúdes. Un hombre y una niña yacían en ellos. Una mujer de mediana edad lloraba desconsolada abrazada a la niña. Ilse se acercó y acarició suavemente la mejilla de la mujer.
Volvieron al tiovivo que fue perdiendo poco a poco velocidad. Ilse se bajó del caballito. Salieron a la calle. Un gato atigrado se atravesó delante de ellos. El cielo estaba azul. Las estrellas resplandecían.
- Hasta el año que viene, cariño - se despidió el señor Horst Moench.
- Hasta el año que viene, papá - contestó Ilsa.
Y desaparecieron. Quedó en el aire como un silencio de tumba.

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Eladio Parreño Elías

31-Julio-2011

Amigo tu imaginación no tiene límite, siempre me sorprendes con estas historias que me paran los pelos pero, me encantan.
Mis cariños y un millón de estrellas.
 
Mágico relato amigo...siempre he dicho
que la vida y la muerte van de la mano,
nunca sabremos sus límites...

Me encanta la destreza de tu creatividad.
Besos,aplausos y estrellas
 
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Como todas las primaveras, la feria había llegado al pueblo. El domingo, al igual que todos los años, el señor Horst Moench acompañó a su hija Ilse para que disfrutara de las atracciones.
Ilse no era una niña normal. Siempre paracía estar fuera de la realidad, imaginando cosas, aunque ella jurase que no eran imaginaciones , sino vivencias reales. El señor Horst Moench se sentía preocupado por su hija. Al ser viudo, temía que la falta de una madre, marcase negativamente la personalidad de la niña. Ilse, sin mucha alegría, se montó en la mayoría de las atracciones. Ya bien entrada la noche, llegaron hasta el tiovivo. Ya estaba apagado. Una sucia y polvorienta lona amarilla de plástico lo tapaba impidiendo el paso. Ilse echó a correr y levantando la lona se metió dentro. El señor Horst Moench la llamó, pero al no obtener respuesta, hizo lo mismo. Todo estaba oscuro y en silencio. Vio a su hija montada en un caballito verde de alas doradas. El tiovivo empezó a dar vueltas. La niña reía. Su risa era como un grito. Cada vez cogían más velocidad. Reían. Gritaban. De pronto, se vieron en una casa. Mujeres vestidas de negro andaban de un lugar para otro llorando. En una de las habitaciones, vieron dos ataúdes. Un hombre y una niña yacían en ellos. Una mujer de mediana edad lloraba desconsolada abrazada a la niña. Ilse se acercó y acarició suavemente la mejilla de la mujer.
Volvieron al tiovivo que fue perdiendo poco a poco velocidad. Ilse se bajó del caballito. Salieron a la calle. Un gato atigrado se atravesó delante de ellos. El cielo estaba azul. Las estrellas resplandecían.
- Hasta el año que viene, cariño - se despidió el señor Horst Moench.
- Hasta el año que viene, papá - contestó Ilsa.
Y desaparecieron. Quedó en el aire como un silencio de tumba.

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Eladio Parreño Elías

31-Julio-2011


Dulcinista
Ay, Diosssssssssss osea que creo que eran ultratumbas
¡¡Qué miedo!!
tus relatos me ponen los pelos de punta
Encantada de pasar
Estrellas y cariños
Ana
 
Dulcinista
Ay, Dios, amigo, osea que eran ultratumbas
¡¡Qué miedo!!
cuando te leo experimento dos sensaciones: gusto y miedo
Encantada de pasar por tus letras fabulosas
Estrellas y cariños
 
Dulcinista
Ay, Dios, amigo, osea que eran ultratumbas
¡¡Qué miedo!!
cuando te leo experimento dos sensaciones: gusto y miedo
Encantada de pasar por tus letras fabulosas
Estrellas y cariños
 
Dulcinista
Ay, Dios, amigo, osea que eran ultratumbas
¡¡Qué miedo!!
cuando te leo experimento dos sensaciones: gusto y miedo
Encantada de pasar por tus letras fabulosas
Estrellas y cariños
 
Puede ser que hasta del más allá regresen a esos lugares que solían visitar
y que de alguna forma marcó sus vidas.

Estimado amigo dulcinista me ha sido muy grato acompañarlo en esta ocasión
le felicito por su escrito, saludos cordiales le deseo un buen inicio de semana
estrellas de reputación poeta.
 
Tal vez vengan del más allá a visitar esos lugares que de alguna forma marcaron sus vidas.

Estimado amigo dulcinista me ha sido muy grato acompañarlo en esta ocasión
le felicito por su escrito. Saludos cordiales y buen inicio de semana. Estrellas de reputación.
 
Tal vez regresen del más allá a visitar esos lugares que marcaron sus vidas.

Estimado amigo dulcinista felicidades por su escrito me ha sido muy grato
leerlo. Saludos cordiales, estrellas de reputación.
 
Sol de mañana;3570971 dijo:
MUY BELLO e interesante, pero si me quede con dudas en el mensaje que quieres trasmitir, esta vez no me da el coco para razonar,abrazos y estrellas.
Creo mi querida amiga, que AL ESCRIBIR EL RELATO NO HE PRETENDIDO MANDAR NINGÚN MENSAJE NI MORALEJA. TAN SOLO ES UN RELATO DE UNOS SERES QUE VUELVEN DEL MÁS ALLÁ TODOS LOS AÑOS. NO HAY NADA MÁS. GRACIAS POR TU COMENTARIO. UN BESO.
 
¿Dónde empieza la ficción o...?, o quizá resaltar la figura paterna... Mucho encierra esta obra Dulcinista, Magnifica. Muchas gracias

Un fuerte abrazo
 
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Como todas las primaveras, la feria había llegado al pueblo. El domingo, al igual que todos los años, el señor Horst Moench acompañó a su hija Ilse para que disfrutara de las atracciones.
Ilse no era una niña normal. Siempre paracía estar fuera de la realidad, imaginando cosas, aunque ella jurase que no eran imaginaciones , sino vivencias reales. El señor Horst Moench se sentía preocupado por su hija. Al ser viudo, temía que la falta de una madre, marcase negativamente la personalidad de la niña. Ilse, sin mucha alegría, se montó en la mayoría de las atracciones. Ya bien entrada la noche, llegaron hasta el tiovivo. Ya estaba apagado. Una sucia y polvorienta lona amarilla de plástico lo tapaba impidiendo el paso. Ilse echó a correr y levantando la lona se metió dentro. El señor Horst Moench la llamó, pero al no obtener respuesta, hizo lo mismo. Todo estaba oscuro y en silencio. Vio a su hija montada en un caballito verde de alas doradas. El tiovivo empezó a dar vueltas. La niña reía. Su risa era como un grito. Cada vez cogían más velocidad. Reían. Gritaban. De pronto, se vieron en una casa. Mujeres vestidas de negro andaban de un lugar para otro llorando. En una de las habitaciones, vieron dos ataúdes. Un hombre y una niña yacían en ellos. Una mujer de mediana edad lloraba desconsolada abrazada a la niña. Ilse se acercó y acarició suavemente la mejilla de la mujer.
Volvieron al tiovivo que fue perdiendo poco a poco velocidad. Ilse se bajó del caballito. Salieron a la calle. Un gato atigrado se atravesó delante de ellos. El cielo estaba azul. Las estrellas resplandecían.
- Hasta el año que viene, cariño - se despidió el señor Horst Moench.
- Hasta el año que viene, papá - contestó Ilsa.
Y desaparecieron. Quedó en el aire como un silencio de tumba.

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Eladio Parreño Elías

31-Julio-2011


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Eladio,

Con cuantos espiritus habremos montado en el carrusel o tiovivo sin
darnos cuenta? Nunca se sabe amigo, cuando el más allá es el
que coloca a funcionar los aparatos del parque de diversiones.
Es mejor no investigar……a lo mejor y nos encontramos con

Ilse y su padre alguna vez...:::ohmy:::... abrazos a tu alma Dulci. Osa.:::blush:::




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Como todas las primaveras, la feria había llegado al pueblo. El domingo, al igual que todos los años, el señor Horst Moench acompañó a su hija Ilse para que disfrutara de las atracciones.
Ilse no era una niña normal. Siempre paracía estar fuera de la realidad, imaginando cosas, aunque ella jurase que no eran imaginaciones , sino vivencias reales. El señor Horst Moench se sentía preocupado por su hija. Al ser viudo, temía que la falta de una madre, marcase negativamente la personalidad de la niña. Ilse, sin mucha alegría, se montó en la mayoría de las atracciones. Ya bien entrada la noche, llegaron hasta el tiovivo. Ya estaba apagado. Una sucia y polvorienta lona amarilla de plástico lo tapaba impidiendo el paso. Ilse echó a correr y levantando la lona se metió dentro. El señor Horst Moench la llamó, pero al no obtener respuesta, hizo lo mismo. Todo estaba oscuro y en silencio. Vio a su hija montada en un caballito verde de alas doradas. El tiovivo empezó a dar vueltas. La niña reía. Su risa era como un grito. Cada vez cogían más velocidad. Reían. Gritaban. De pronto, se vieron en una casa. Mujeres vestidas de negro andaban de un lugar para otro llorando. En una de las habitaciones, vieron dos ataúdes. Un hombre y una niña yacían en ellos. Una mujer de mediana edad lloraba desconsolada abrazada a la niña. Ilse se acercó y acarició suavemente la mejilla de la mujer.
Volvieron al tiovivo que fue perdiendo poco a poco velocidad. Ilse se bajó del caballito. Salieron a la calle. Un gato atigrado se atravesó delante de ellos. El cielo estaba azul. Las estrellas resplandecían.
- Hasta el año que viene, cariño - se despidió el señor Horst Moench.
- Hasta el año que viene, papá - contestó Ilsa.
Y desaparecieron. Quedó en el aire como un silencio de tumba.

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Eladio Parreño Elías

31-Julio-2011



ayyyy que susto!!, si se han hurtado estos espiritus hasta mi comentario anterior a este!! Eladio dile a Ilse y su padre que dejen en paz a los
comentaristas y que no molesten. Que se queden en sus ferias pero
que este portal no lo toquen. Amigo es hasta raro que te hayas dado
cuenta que te he comentado pero mi mensaje desapareció, tu sabes
que te comento con mucho cariño, será que los del mas alla nos juegan
una mala pasada? Quien sabe cuantas veces nos subimos a un carrusel
que llevaba estos espíritus....
Ahora si que se me colocaron los pelos de osa de punta... jejejee:S
Abrazos asustados. Osa.


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Última edición por un moderador:
Ay amigo Dulcinista, a mi me paso lo mismo que a Osa. Prepare un comentario enorme de tu prosa, y cuando quise enviarlo, desaparecio!!!!!. Lo he buscado y nada!!. Aqui hay espiritus que intervienen la pagina, jejeje. Muy interesante tu relato, deja los pelos de punta y atrapa desde sus inicios. Un gran abrazo y miles de besos amigo poeta.
 
Vaya que si tienes mucha originalidad muy interesante tu relato deja al lector ala expectativa hasta el final de verdad muy bueno, felicitaciones y por supuesto estrellitas para vos.
 

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