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El tiovivo

Impresionante relato y con un final escalofriante. Me ha gustado mucho. Felicidades y un abrazo.
 
Un relato maravilloso querido amigo... Las ferias siempre me han dado mal rollo (ahora entiendo por qué...jajajajjaja)

Besos y estrellas a esa imaginación desbordante tuya;
Eva
 
Siempre me hipnotizas con tus historias...la vida despuÉs de la muerte sigue siendo un misterio...me gusto como todo lo que haces...besos bello poeta...
 
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Como todas las primaveras, la feria había llegado al pueblo. El domingo, al igual que todos los años, el señor Horst Moench acompañó a su hija Ilse para que disfrutara de las atracciones.
Ilse era una niña extraña. Siempre parecía estar fuera de la realidad, imaginando cosas, aunque ella jurase que no eran imaginaciones , sino vivencias reales. El señor Horst Moench se sentía preocupado por su hija. Al ser viudo, temía que la falta de una madre, marcase negativamente la personalidad de la niña. Ilse, sin mucha alegría, se montó en la mayoría de las atracciones. Ya bien entrada la noche, llegaron hasta el tiovivo. Ya estaba apagado. Una sucia y polvorienta lona amarilla de plástico lo tapaba impidiendo el paso. Ilse echó a correr y levantando la lona se metió dentro. El señor Horst Moench la llamó, pero al no obtener respuesta, hizo lo mismo. Todo estaba oscuro y en silencio. Vio a su hija montada en un caballito verde de alas doradas. El tiovivo empezó a dar vueltas. La niña reía. Su risa era como un grito. Cada vez cogían más velocidad. Reían. Gritaban. De pronto, se vieron en una casa. Mujeres vestidas de negro andaban de un lugar para otro llorando. En una de las habitaciones, vieron dos ataúdes. Un hombre y una niña yacían en ellos. Una mujer de mediana edad lloraba desconsolada abrazada a la niña. Ilse se acercó y acarició suavemente la mejilla de la mujer.
Volvieron al tiovivo que fue perdiendo poco a poco velocidad. Ilse se bajó del caballito. Salieron a la calle. Un gato atigrado se atravesó delante de ellos. El cielo estaba claro. Había luna nueva. Las estrellas resplandecían. La noche era la dueña de todo.
- Hasta el año que viene, cariño - se despidió el señor Horst Moench.
- Hasta el año que viene, papá - contestó Ilse.
Y desaparecieron. Quedó en el aire como un silencio de tumba.

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Eladio Parreño Elías

31-Julio-2011


Un relato muy ingenioso, donde la muerte cobra vida para disfrutar en el titovivo, dando vueltas y vueltas.

Me ha encantado la forma en la que has plasmado esta curiosa prosa.

Un beso y montones de estrellas a tu creatividad magnífica.
 
Otra buena historia Eladio, fluida e interesante como se desarrolla naturalmente, hasta el cierre que muestra otra realidad,
en ultratumba. Un abrazo y universos
 
Una verdadera maravilla de relato, Eladio; ...en todos los sentidos, (narrativa, argumento, construcción, suspense...). ...De las mejores prosas que he leído en el portal. Mi aplauso y mas sincera felicitación querido amigo.(No me deja dar reputación, pero sin duda lo merece y mucho). Un abrazo.
 
Una verdadera maravilla de relato, Eladio; ...en todos los sentidos, (narrativa, argumento, construcción, suspense...). ...De las mejores prosas que he leído en el portal. Mi aplauso y mas sincera felicitación querido amigo.(No me deja dar reputación, pero sin duda lo merece y mucho). Un abrazo.
Gracias por venir amigo Libra, un abrazo y saludos.
 
Emocionante microrrelato, con final inesperado!!
Destaco el ritmo que le has dado, así como la sutileza a la hora de tratar este género.
Me ha gustado, es una pequeña obra de arte. Entiendo lo complicado que es desarrollar una historia completa en tan pocas palabras. Muy bien hilado.
Te felicito artista.
Un beso.
Laura
 
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Como todas las primaveras, la feria había llegado al pueblo. El domingo, al igual que todos los años, el señor Horst Moench acompañó a su hija Ilse para que disfrutara de las atracciones.
Ilse era una niña extraña. Siempre parecía estar fuera de la realidad, imaginando cosas, aunque ella jurase que no eran imaginaciones , sino vivencias reales. El señor Horst Moench se sentía preocupado por su hija. Al ser viudo, temía que la falta de una madre, marcase negativamente la personalidad de la niña. Ilse, sin mucha alegría, se montó en la mayoría de las atracciones. Ya bien entrada la noche, llegaron hasta el tiovivo. Ya estaba apagado. Una sucia y polvorienta lona amarilla de plástico lo tapaba impidiendo el paso. Ilse echó a correr y levantando la lona se metió dentro. El señor Horst Moench la llamó, pero al no obtener respuesta, hizo lo mismo. Todo estaba oscuro y en silencio. Vio a su hija montada en un caballito verde de alas doradas. El tiovivo empezó a dar vueltas. La niña reía. Su risa era como un grito. Cada vez cogían más velocidad. Reían. Gritaban. De pronto, se vieron en una casa. Mujeres vestidas de negro andaban de un lugar para otro llorando. En una de las habitaciones, vieron dos ataúdes. Un hombre y una niña yacían en ellos. Una mujer de mediana edad lloraba desconsolada abrazada a la niña. Ilse se acercó y acarició suavemente la mejilla de la mujer.
Volvieron al tiovivo que fue perdiendo poco a poco velocidad. Ilse se bajó del caballito. Salieron a la calle. Un gato atigrado se atravesó delante de ellos. El cielo estaba claro. Había luna nueva. Las estrellas resplandecían. La noche era la dueña de todo.
- Hasta el año que viene, cariño - se despidió el señor Horst Moench.
- Hasta el año que viene, papá - contestó Ilse.
Y desaparecieron. Quedó en el aire como un silencio de tumba.

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Eladio Parreño Elías

31-Julio-2011

Estos escritos son los que dan gusto leer, te llevan hasta el final ciego solo escuchando la historia y te sacan la venda justo al final para que resurja el asombro. Excelente amigo y no te lo digo por que te quiero, haz de cuenta que soy tu peor enemigo! Excelente de verdad!
 
Emocionante microrrelato, con final inesperado!!
Destaco el ritmo que le has dado, así como la sutileza a la hora de tratar este género.
Me ha gustado, es una pequeña obra de arte. Entiendo lo complicado que es desarrollar una historia completa en tan pocas palabras. Muy bien hilado.
Te felicito artista.
Un beso.
Laura
Gracias Laura, celebro que te haya gustado mi relato.
Te dejo un cálido abrazo de amigo y un beso.
 
Estos escritos son los que dan gusto leer, te llevan hasta el final ciego solo escuchando la historia y te sacan la venda justo al final para que resurja el asombro. Excelente amigo y no te lo digo por que te quiero, haz de cuenta que soy tu peor enemigo! Excelente de verdad!
Gracias amigo CHRIX, un abrazo y saludos para ti.
 
Mira a donde me hizo llegar tu maravilla de relato... a pensar que en una vueltecita en el tiovivo te puede pasar en un instante por delante de los ojos una vida entera,con sus vivencias ,sean buenas o malas. Pero tus personajes llegaron más allá, a vislumbrar hasta la muerte, interesante, un relato que atrapa en la lectura hasta el desenlace, como todos los que plasmas. Te felicito, me gustó mucho!
Gracias Aria, un beso querida amiga.
 
Que belleza Eladio sinceramente se lo digo esta es una muy sencible y hermosa prosa. No me dejan darle reputación pero en verdad la merece. Felicitaciones y saludos poeta

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