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El títere y la marioneta

VicenteMoret

Moder. Biblioteca P. Clásica.Cronista del Tamboura
Miembro del equipo
Moderadores
EL TÍTERE Y LA MARIONETA



¡Pobre títere que lloras
de amor por tu marioneta!
¡Ya tu pálida silueta
cuenta en minutos las horas!



Tus maneras seductoras
se fugaron con el viento.
¡Qué triste es el pensamiento
si no queda la esperanza
de darle juego a la chanza
que era tu pan, tu alimento!



En tus hilos ya no hay vida,
solo queda lasitud.
Se perdió tu juventud
en un bosque sin salida.



¡Nunca sanará la herida
que sucumbe al deterioro
tan estruendoso y sonoro
como el agua de un torrente!



¿Podrá tu cuerpo indolente
asumirlo con decoro?
Desprecia la marioneta
el ardor de tu mirada.



En tus ojos (apenada)
una lágrima discreta.
Porque tu amada secreta
no percibe nada en ti,
pero en tus labios rubí
todavía se dibuja
una sonrisa que embruja,
una pasión carmesí.



Te mueres de muerte lenta
en un cofre abandonado,
pero tienes a tu lado
a tu hermosa cenicienta.
Tu figura polvorienta
resplandece irresistible.
¡Qué tortura incomprensible!
Pero el títere la mira
y agradecido suspira
por ese amor imposible.



Es del alma su reflejo
lo que se ve en tu semblante,
tan cercano, tan distante,
tan infantil y tan viejo.
Y el azogue del espejo
muestra un títere lampiño,
de porcelana y armiño
y una cinta en los cabellos.



Por fin cesan los destellos…
Y en su lecho llora un niño.
Porque ese niño lo amaba
con su ternura inocente,
con devoción elocuente,
porque con él se abrazaba.



Con el títere jugaba
sin importarle su aspecto:
¡Su juguete predilecto
de repente se moría!
Perdió el niño su alegría
desconsolado su afecto!



–..–



CHU
 
EL TÍTERE Y LA MARIONETA



¡Pobre títere que lloras
de amor por tu marioneta!
¡Ya tu pálida silueta
cuenta en minutos las horas!



Tus maneras seductoras
se fugaron con el viento.
¡Qué triste es el pensamiento
si no queda la esperanza
de darle juego a la chanza
que era tu pan, tu alimento!



En tus hilos ya no hay vida,
solo queda lasitud.
Se perdió tu juventud
en un bosque sin salida.



¡Nunca sanará la herida
que sucumbe al deterioro
tan estruendoso y sonoro
como el agua de un torrente!



¿Podrá tu cuerpo indolente
asumirlo con decoro?
Desprecia la marioneta
el ardor de tu mirada.



En tus ojos (apenada)
una lágrima discreta.
Porque tu amada secreta
no percibe nada en ti,
pero en tus labios rubí
todavía se dibuja
una sonrisa que embruja,
una pasión carmesí.



Te mueres de muerte lenta
en un cofre abandonado,
pero tienes a tu lado
a tu hermosa cenicienta.
Tu figura polvorienta
resplandece irresistible.
¡Qué tortura incomprensible!
Pero el títere la mira
y agradecido suspira
por ese amor imposible.



Es del alma su reflejo
lo que se ve en tu semblante,
tan cercano, tan distante,
tan infantil y tan viejo.
Y el azogue del espejo
muestra un títere lampiño,
de porcelana y armiño
y una cinta en los cabellos.



Por fin cesan los destellos…
Y en su lecho llora un niño.
Porque ese niño lo amaba
con su ternura inocente,
con devoción elocuente,
porque con él se abrazaba.



Con el títere jugaba
sin importarle su aspecto:
¡Su juguete predilecto
de repente se moría!
Perdió el niño su alegría
desconsolado su afecto!



–..–



CHU



Ah, qué belleza, Chu, qué gusto volver a leerte. Tiene un títere tanta historia en su polvorienta figura, la imaginación de un niño que aprendió a manejar sus hilos, herencia de su madre, quizás o de su padre. Ojalá no lo deje morir, lo saque de nuevo, lo desempolve y enseñe a sus hijos, o a sus nietos, el arte de imaginar, de crear historias, que lo alejen de los video juegos y el aislamiento. Ninguna herencia mejor que la de dar vida al títere, a la marioneta, ninguna mejor que el despertar de la imaginación, de la fantasía, hace falta mucha para alejar a los niños de hoy de su realidad.
Me ha emocionado tu poema, gracias por la ternura que transmite tu poesía.
Un abrazo, Chu,
Isabel
 
Última edición:
Ah, qué belleza, Chu, qué gusto volver a leerte. Tiene un títere, tanta historia en su polvorienta figura, la imaginación de un niño que aprendió a manejar sus hilos, herencia de su madre, quizás, o de su padre. Ojalá no lo deje morir, los saque de nuevo, lo desempolve y enseñe a sus hijos, o a sus nietos, el arte de imaginar, de crear historias, que lo alejen de los video juegos y el aislamiento. Ninguna herencia mejor que la de dar vida al títere, a la marioneta, ninguna mejor que el despertar de la imaginación, de la fantasía, hace falta mucha para alejar a los niños de hoy de su realidad.
Me ha emocionado tu poema, gracias por la ternura que transmite tu poesía.
Un abrazo, Chu,
Isabel

GRACIAS ISABEL. UN BESOTE. CHU.
 
EL TÍTERE Y LA MARIONETA



¡Pobre títere que lloras
de amor por tu marioneta!
¡Ya tu pálida silueta
cuenta en minutos las horas!



Tus maneras seductoras
se fugaron con el viento.
¡Qué triste es el pensamiento
si no queda la esperanza
de darle juego a la chanza
que era tu pan, tu alimento!



En tus hilos ya no hay vida,
solo queda lasitud.
Se perdió tu juventud
en un bosque sin salida.



¡Nunca sanará la herida
que sucumbe al deterioro
tan estruendoso y sonoro
como el agua de un torrente!



¿Podrá tu cuerpo indolente
asumirlo con decoro?
Desprecia la marioneta
el ardor de tu mirada.



En tus ojos (apenada)
una lágrima discreta.
Porque tu amada secreta
no percibe nada en ti,
pero en tus labios rubí
todavía se dibuja
una sonrisa que embruja,
una pasión carmesí.



Te mueres de muerte lenta
en un cofre abandonado,
pero tienes a tu lado
a tu hermosa cenicienta.
Tu figura polvorienta
resplandece irresistible.
¡Qué tortura incomprensible!
Pero el títere la mira
y agradecido suspira
por ese amor imposible.



Es del alma su reflejo
lo que se ve en tu semblante,
tan cercano, tan distante,
tan infantil y tan viejo.
Y el azogue del espejo
muestra un títere lampiño,
de porcelana y armiño
y una cinta en los cabellos.



Por fin cesan los destellos…
Y en su lecho llora un niño.
Porque ese niño lo amaba
con su ternura inocente,
con devoción elocuente,
porque con él se abrazaba.



Con el títere jugaba
sin importarle su aspecto:
¡Su juguete predilecto
de repente se moría!
Perdió el niño su alegría
desconsolado su afecto!



–..–



CHU

Precioso y emotivo poema, me ha recordado mi niñez cuando encandilado asistía a estas funciones que nos daban y nos hacían reír y soñar,
denuncias su muerte lenta en estos bellos versos que he disfrutado.- Saludos.
Miguel.
 
EL TÍTERE Y LA MARIONETA



¡Pobre títere que lloras
de amor por tu marioneta!
¡Ya tu pálida silueta
cuenta en minutos las horas!



Tus maneras seductoras
se fugaron con el viento.
¡Qué triste es el pensamiento
si no queda la esperanza
de darle juego a la chanza
que era tu pan, tu alimento!



En tus hilos ya no hay vida,
solo queda lasitud.
Se perdió tu juventud
en un bosque sin salida.



¡Nunca sanará la herida
que sucumbe al deterioro
tan estruendoso y sonoro
como el agua de un torrente!



¿Podrá tu cuerpo indolente
asumirlo con decoro?
Desprecia la marioneta
el ardor de tu mirada.



En tus ojos (apenada)
una lágrima discreta.
Porque tu amada secreta
no percibe nada en ti,
pero en tus labios rubí
todavía se dibuja
una sonrisa que embruja,
una pasión carmesí.



Te mueres de muerte lenta
en un cofre abandonado,
pero tienes a tu lado
a tu hermosa cenicienta.
Tu figura polvorienta
resplandece irresistible.
¡Qué tortura incomprensible!
Pero el títere la mira
y agradecido suspira
por ese amor imposible.



Es del alma su reflejo
lo que se ve en tu semblante,
tan cercano, tan distante,
tan infantil y tan viejo.
Y el azogue del espejo
muestra un títere lampiño,
de porcelana y armiño
y una cinta en los cabellos.



Por fin cesan los destellos…
Y en su lecho llora un niño.
Porque ese niño lo amaba
con su ternura inocente,
con devoción elocuente,
porque con él se abrazaba.



Con el títere jugaba
sin importarle su aspecto:
¡Su juguete predilecto
de repente se moría!
Perdió el niño su alegría
desconsolado su afecto!



–..–



CHU

Una historia que conmueve, he recordado la niñez cuando me llevaban al Parque del buen Retiro aquí en Madrid y disfrutaba de las marionetas.
Mis felicitaciones Vicent por tan emotivos versos.
Cordial saludo
 

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