EL TÍTERE Y LA MARIONETA
¡Pobre títere que lloras
de amor por tu marioneta!
¡Ya tu pálida silueta
cuenta en minutos las horas!
Tus maneras seductoras
se fugaron con el viento.
¡Qué triste es el pensamiento
si no queda la esperanza
de darle juego a la chanza
que era tu pan, tu alimento!
En tus hilos ya no hay vida,
solo queda lasitud.
Se perdió tu juventud
en un bosque sin salida.
¡Nunca sanará la herida
que sucumbe al deterioro
tan estruendoso y sonoro
como el agua de un torrente!
¿Podrá tu cuerpo indolente
asumirlo con decoro?
Desprecia la marioneta
el ardor de tu mirada.
En tus ojos (apenada)
una lágrima discreta.
Porque tu amada secreta
no percibe nada en ti,
pero en tus labios rubí
todavía se dibuja
una sonrisa que embruja,
una pasión carmesí.
Te mueres de muerte lenta
en un cofre abandonado,
pero tienes a tu lado
a tu hermosa cenicienta.
Tu figura polvorienta
resplandece irresistible.
¡Qué tortura incomprensible!
Pero el títere la mira
y agradecido suspira
por ese amor imposible.
Es del alma su reflejo
lo que se ve en tu semblante,
tan cercano, tan distante,
tan infantil y tan viejo.
Y el azogue del espejo
muestra un títere lampiño,
de porcelana y armiño
y una cinta en los cabellos.
Por fin cesan los destellos…
Y en su lecho llora un niño.
Porque ese niño lo amaba
con su ternura inocente,
con devoción elocuente,
porque con él se abrazaba.
Con el títere jugaba
sin importarle su aspecto:
¡Su juguete predilecto
de repente se moría!
Perdió el niño su alegría
desconsolado su afecto!
–..–
CHU
¡Pobre títere que lloras
de amor por tu marioneta!
¡Ya tu pálida silueta
cuenta en minutos las horas!
Tus maneras seductoras
se fugaron con el viento.
¡Qué triste es el pensamiento
si no queda la esperanza
de darle juego a la chanza
que era tu pan, tu alimento!
En tus hilos ya no hay vida,
solo queda lasitud.
Se perdió tu juventud
en un bosque sin salida.
¡Nunca sanará la herida
que sucumbe al deterioro
tan estruendoso y sonoro
como el agua de un torrente!
¿Podrá tu cuerpo indolente
asumirlo con decoro?
Desprecia la marioneta
el ardor de tu mirada.
En tus ojos (apenada)
una lágrima discreta.
Porque tu amada secreta
no percibe nada en ti,
pero en tus labios rubí
todavía se dibuja
una sonrisa que embruja,
una pasión carmesí.
Te mueres de muerte lenta
en un cofre abandonado,
pero tienes a tu lado
a tu hermosa cenicienta.
Tu figura polvorienta
resplandece irresistible.
¡Qué tortura incomprensible!
Pero el títere la mira
y agradecido suspira
por ese amor imposible.
Es del alma su reflejo
lo que se ve en tu semblante,
tan cercano, tan distante,
tan infantil y tan viejo.
Y el azogue del espejo
muestra un títere lampiño,
de porcelana y armiño
y una cinta en los cabellos.
Por fin cesan los destellos…
Y en su lecho llora un niño.
Porque ese niño lo amaba
con su ternura inocente,
con devoción elocuente,
porque con él se abrazaba.
Con el títere jugaba
sin importarle su aspecto:
¡Su juguete predilecto
de repente se moría!
Perdió el niño su alegría
desconsolado su afecto!
–..–
CHU