El último beso

Minoldo

Poeta recién llegado
Miraba a la mujer, quién la vida me diera,

inerte, en soledad, en esa loza fría

en la oscuridad de cara al cielo, yacía

y su gesto era cual si mirarme quisiera.



Más quemante, ni más cruel, ese instante fuera

cuyo lapso candente turbó al alma mía

y con voz doliente decirle a ella quería

que se despertara y de la loza se irguiera.



Temblorosa mano acariciaba esa tarde

la frente fría de la que escapó la vida

y el corazón ansioso por dar un beso arde.



Pero hay un beso que hace al alma temblar cobarde,

es aquel que se da en la humana despedida

con calma fingida, al cadáver de una madre.

 
Respirar y recordar, que el cuerpo es empaque y el alma siempre vive. Las personas son más fáciles de reconocer por su tono de voz, por su color de ojos, por sus ademanes, por sus manías, por su sabiduría pero, la verdad es que, eso es solo una trampa, un papelito donde nos guardamos las respuestas de los exámenes. Lo importante es aprendernos a las personas y tenerlas presentes allá arriba, en la cabeza. En la memoria. Y el mejor truco es tener la memoria siempre presente.
Salud! A la memoria de los que no están presentes
 
Miraba a la mujer, quién la vida me diera,

inerte, en soledad, en esa loza fría

en la oscuridad de cara al cielo, yacía

y su gesto era cual si mirarme quisiera.



Más quemante, ni más cruel, ese instante fuera

cuyo lapso candente turbó al alma mía

y con voz doliente decirle a ella quería

que se despertara y de la loza se irguiera.



Temblorosa mano acariciaba esa tarde

la frente fría de la que escapó la vida

y el corazón ansioso por dar un beso arde.



Pero hay un beso que hace al alma temblar cobarde,

es aquel que se da en la humana despedida

con calma fingida, al cadáver de una madre.

Bello y conmovedor poema, ellos y ellas siempre vivirán en nuestros corazones. Un abrazo amigo Minoldo. Paco.
 
Miraba a la mujer, quién la vida me diera,

inerte, en soledad, en esa loza fría

en la oscuridad de cara al cielo, yacía

y su gesto era cual si mirarme quisiera.



Más quemante, ni más cruel, ese instante fuera

cuyo lapso candente turbó al alma mía

y con voz doliente decirle a ella quería

que se despertara y de la loza se irguiera.



Temblorosa mano acariciaba esa tarde

la frente fría de la que escapó la vida

y el corazón ansioso por dar un beso arde.



Pero hay un beso que hace al alma temblar cobarde,

es aquel que se da en la humana despedida

con calma fingida, al cadáver de una madre.

Que doloros pasaje, uno que no quisiéramos que llegase, pero la vida a veces es corta o larga, nuestros destino será siempre llegar hasta la
Muerte, saludos
 

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