DavidJs.
Poeta recién llegado
Fue arrastrada por la ulterior tecnología
hasta el final fatídico del último día
su agotada y transcurrida anatomía,
dejando detrás de sí un yotta sendero
de existencias consumidas y civilizaciones extintas.
De toda una ufana dinastía postrero,
doblan su cansada espalda el peso remanente
de las omisiones de toda la extinta humanidad,
yacía de rodillas humillado y postrado
como desdichada ofrenda para sacrificio.
El último humano, el orgulloso homo imperialis,
único heredero del homo sapiens sapiens,
yacía adjudicado rastreando muy dentro de su memoria
evocando en forma de suplicio viejas glorias
y denegando sus continuas y arrastradas miserias.
Su lánguida mirada y sus abatidas rodillas
se incrustaban como atizador en las abrasadas
y árida tierra agrietada que se consumía
igual que su evaporada moral y su resecada frente,
ahí estaba a un paso de la orilla
de un final miserable hacia el olvido total.
Frente de sí, al levantar pesadamente la mirada,
le quedaba una enorme estrella gigante roja
el último remanente de nuestro agonizante sol,
que vorazmente se expandía en todo el horizonte
en un abrazo calcinante que lentamente
a los planetas interiores engullía hacia el apocalipsis.
Todos los que ya no están,
todo el tumulto de los extinguidos,
de todos desde el principio hasta el último en el fin,
le gritaban en un angustiado estruendo de civilizaciones extintas,
queriendo retumbar fuera de la memoria que los comprimian
hacia un nuevo retorno.
¡Somos todos los que ya no estamos!,
únicamente de vos sois todo nuestro legado,
si pereceréis con vos desaparecerá todo nuestro gran pasado
y ya no seguiremos siendo en ti ni retornados en ningún otro lugar.
Escucha, ¡somos los que ya no estamos!,
de vos es obligación superarnos,
si con nuestras propias mentes y manos hemos esculpido
todos los dioses idolatrados por el hombre y sus templos,
conviértete en lo que con tus propias mente y manos una vez creaste.
Llévanos mas allá de lo que hasta ahora aquí existe,
en tu memoria está depositado todo el legado
y todo el pasado de la humanidad
en vuestro genes nuestra continuidad,
todo lo que fue tuyo y una vez quisiste
todavía esta en ti igual que nosotros.
Aun de rodillas y con mayor esfuerzo levantó más su mirada,
no podría convertirse en lo que con sus propias mente y manos una vez creó,
ni podía hacerlas aparecer por ningún lado ni a las viejas glorias evocadas con suplicio,
en su última esperanza, en su último lamento,
miró tristemente más allá del firmamento.
Y él junto a los que ya no están,
y al remanente de las omisiones de toda la extinta humanidad,
de rodillas humillado y postrado como desdichada ofrenda para sacrificio
exclamo junto a los que ya no están.
¡Hola, que tal!,
os saludamos a todos
desde este diminuto punto luminoso y rojizo
al que nosotros las criaturas humanas
llamamos hasta hoy Madre Tierra.
Un diminuto punto brillante más,
una más que perfora el panorama centelleante
que se yergue sobre cada uno de sus horizonte.
¡Hola!, ¡hola!,
¿acaso no me oís?,
¿acaso no me veis?,
hasta ahora sé que sólo soy uno más de los demás
pero por favor no me ignoréis.
¡Ya a vosotros no los ignoro más!,
¡cómo puedo ignorarlos!,
aunque sólo soy uno más de los demás
sé que estáis ahí porque sólo hasta ahora los necesito.
Es que vosotros sois tantos, tantos y tantos
que debéis seis todos los demás, ¿o no?,
por favor no nos abandoneis, por favor no nos ignoréis
como nosotros los hemos abandonados,
como nosotros los hemos ignorados.
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