E l último poema en la ciudad gótica va muriendo pausadamente en mis sueños.
L entamente, mi rostro se acompaña de espesas y pegajosas telarañas.
Ú ltimas vivencias asoman con el mayor de los lamentos, descarnados de vitales sentimientos.
L as fieras de mi cerebro no descansan ni un instante entre garras engargoladas.
T enebrosa angustia melancólica contiene mi alma mantenida en solitaria oscuridad.
I nquietantes momentos que no detienen, incesantes, esta lengua atrevida y singular.
M entiras encadenadas, cuando me dijiste que la ciudad no dormía en madrugada.
O jos derramados en sólida sangre cristalizan todos los rincones de mi corazón deshilachado.
P erdido está el día que nunca llegará, porque arrancaste a pedazos todas mis palabras.
O sadas plegarías son mis mensajes mudos, esos que te envié en silencio cada mañana.
E l éxtasis de amor que soñamos envuelve en tinieblas aquella misteriosa canción.
M uero de amor, de fulgurosos destellos, que iluminan mis lúgubres pensamientos.
A ntes, buscaré entre mis pertenencias, para hallar la dicha de mi último poema en la ciudad gótica.
D e una sombra diurna te extraje una vez y por el vacío intuí tu nula presencia.
E stoy ausente, ajena a que prosigan los vacíos, así hagan jirones mi alma hecha pedazos.
L as horas discurren y por momentos con el corazón agazapado entre mi sombra y la luna.
A l borde de la penumbra te espero, sin valor para fingir este dolor esclavizado.
C aminando se fue abriendo tu vacío embargado, con la luz del candil penetrando en mi piel.
I mbricadas afloran mis palabras, aun con mis manos de fragilidad imbuidas.
U nidos en historias de amor sediento, buscaré de nuevo los lazos de un te quiero...
D ibujado por mi alma rota, dejaré este último poema impreso en mi turbada piel escabullida.
A tu presencia, sin miedo, uno el espejo de tu ausencia y la envidia dormida.
D esde ayer descifro mis solapadas pesadillas mientras mi cuerpo orbita el subconsciente sigiloso.
G anará mi corazón la fuerza escribiendo en penumbra mi último poema en la espesura.
O jos nublados por lágrimas dolientes enmudecen las palabras a la luz incandescente.
T emidas gárgolas sobrevuelan la ciudad oscura y un halo de tu mano me va llegando.
I nspiración de heridas latentes, de emociones sombrías, que avanzan hacia el alma mía..
C ada momento quedará postrado, sin odios, pero con un sutil tormento por leer en tus ojos.
A l cuerpo, que no quiere despedirse, guío los pasos hacia el jardín encantado de tu sonrisa.
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