Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Nos fuimos sin maletas,
con el alma descalza
y un par de heridas bien guardadas
en el bolsillo trasero de la memoria.
Nos fuimos porque el aire pesaba,
porque la casa era un nido de ecos
y el reloj mordía las horas
como un perro sin dueño.
Nos fuimos con los huesos cansados
pero con los sueños despiertos,
con los pies llenos de lodo
pero el corazón aprendiendo a volar.
Nos fuimos porque quedarse
era morir en cuotas,
porque la nostalgia se volvió costumbre
y la costumbre un verdugo de espejos rotos.
Nos fuimos sin decir adiós,
porque el adiós es para los que vuelven,
y nosotros solo sabíamos irnos,
como el mar,
como el viento,
como los nombres que se olvidan
en los labios del tiempo.
con el alma descalza
y un par de heridas bien guardadas
en el bolsillo trasero de la memoria.
Nos fuimos porque el aire pesaba,
porque la casa era un nido de ecos
y el reloj mordía las horas
como un perro sin dueño.
Nos fuimos con los huesos cansados
pero con los sueños despiertos,
con los pies llenos de lodo
pero el corazón aprendiendo a volar.
Nos fuimos porque quedarse
era morir en cuotas,
porque la nostalgia se volvió costumbre
y la costumbre un verdugo de espejos rotos.
Nos fuimos sin decir adiós,
porque el adiós es para los que vuelven,
y nosotros solo sabíamos irnos,
como el mar,
como el viento,
como los nombres que se olvidan
en los labios del tiempo.