kalkbadan
Poeta que considera el portal su segunda casa
EL VIRUS DEL MIEDO
De pronto se detiene nuestra vida
ante el arpegio natural de un virus
y en las bocas golpea ese miedo
de helechos escarchados en el pulso...
El mundo pierde así, de pronto, el brillo,
y crece en las persianas nuestra noche.
Y en los largos pasillos de la noche
paseamos las linternas de la vida
tratando de encontrar algo de brillo
en esta cueva, y entretanto el virus
va sellando de látex nuestro pulso
y cubriendo los rostros con su miedo.
Y cuando el ser humano tiene miedo
empuña la navaja de su noche
y reverbera en su metal el pulso
de un muerto que enloquece por la vida
y apunta con su dedo hacia ese virus
que amenaza el sentido de su brillo.
Encerrados mostramos nuestro brillo
y apenas se nos nota el gen del miedo.
¿Pero qué pasará después del virus?,
¿qué horizontes aguardan tras la noche?,
¿y qué sentido tomará la vida
si el miedo aprieta el corazón del pulso?
¡Que la desolación no gane el pulso!
y que tras este eclipse un nuevo brillo
nos haga responsables de la vida
guardando en los balcones nuestro miedo.
Por los cipreses negros de esta noche
no olvidemos la luz que arrojó el virus.
Y en la fragilidad que trajo el virus
una paz promisoria tienta el pulso
de los cuerpos que llenan esta noche.
Busquemos en los otros nuestro brillo,
hagámoslo, y hagámoslo sin miedo,
por ti, por él, por ellos..., por la vida.
Humano, no habrá vida tras el virus
si el miedo contamina nuestro pulso,
juntemos nuestro brillo en esta noche.
Kalkbadan
En Madrid, a 27 de marzo de 2020
De pronto se detiene nuestra vida
ante el arpegio natural de un virus
y en las bocas golpea ese miedo
de helechos escarchados en el pulso...
El mundo pierde así, de pronto, el brillo,
y crece en las persianas nuestra noche.
Y en los largos pasillos de la noche
paseamos las linternas de la vida
tratando de encontrar algo de brillo
en esta cueva, y entretanto el virus
va sellando de látex nuestro pulso
y cubriendo los rostros con su miedo.
Y cuando el ser humano tiene miedo
empuña la navaja de su noche
y reverbera en su metal el pulso
de un muerto que enloquece por la vida
y apunta con su dedo hacia ese virus
que amenaza el sentido de su brillo.
Encerrados mostramos nuestro brillo
y apenas se nos nota el gen del miedo.
¿Pero qué pasará después del virus?,
¿qué horizontes aguardan tras la noche?,
¿y qué sentido tomará la vida
si el miedo aprieta el corazón del pulso?
¡Que la desolación no gane el pulso!
y que tras este eclipse un nuevo brillo
nos haga responsables de la vida
guardando en los balcones nuestro miedo.
Por los cipreses negros de esta noche
no olvidemos la luz que arrojó el virus.
Y en la fragilidad que trajo el virus
una paz promisoria tienta el pulso
de los cuerpos que llenan esta noche.
Busquemos en los otros nuestro brillo,
hagámoslo, y hagámoslo sin miedo,
por ti, por él, por ellos..., por la vida.
Humano, no habrá vida tras el virus
si el miedo contamina nuestro pulso,
juntemos nuestro brillo en esta noche.
Kalkbadan
En Madrid, a 27 de marzo de 2020
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