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Elegía para un poeta republicano ( Silva libre)

pepesori

Poeta que considera el portal su segunda casa
Equipo Revista "Eco y latido"
Era un almendro humano
plantado en el esqueje de un enjambre.
Su silbo fue un panal enamorado
y un verso hecho colmena cada día.
Era sombra en la vega,
como la higuera sola,
como un falucho de cristal ligero
que vagando en el mar
refulgía de luz
sobre un mundo abierto
entre cuatro costados melodiosos
y algunos horizontes sin montañas.
En la cañada, el lúbrico rebaño
eclipsaba las fases de la luna.
Carneros vesperales y agrestes
eran nubes hermosas como un palmeral.,
y eran relámpagos y yeguas agrupadas
y eran el silbo del dale que dale.
En ese tiempo, el báculo de Miguel
se hizo honda de pastor,
polvo de siglos, tolvanera, tromba
de arena restallada en los pámpanos
y entre las agraces córneas de las uvas
,-como el hollejo enfermo de la vid,-
Y de tanto contemplar el páramo
y su órbita ocular, Santa Lucía
curaba el lagrimal de los racimos
con el bálsamo astral de sus milagros.
Allí Miguel, ya en paz y entre viñedos,
se hizo pastor de cepas y de trigos...
Pámpanos amarillos y morados,
,-la granazón sacramental del fruto,-
como su bandera republicana.
La espiga plateresca,
,-harina del obrero,- será de acíbar
como el racimo agraz del mes de mayo.
Perito en corzas sobre la luna nueva,
letrado de las lluvias malogradas,
y furtivo cazador de meteoros
atrapando a las nubes con reclamos.
Mayoral de un rebaño que al galope
era un caballo de Troya entre milanos negros.
La paz de su campiña olía a huerta y hebras de oro
y a lagartos vegetales y a hecatombes de hormigas
cuando entre los fulgores del ocaso
se encendían las natas de un almendro.
Así se fue Miguel,
con la infalible brama y el desove
de algún parto de lirios y estrellas,
y en la dulce miel del verso entre panales
azucarada y densa y tenazmente.
De la luz de Orihuela rodeado.
Luz cegadora, a escala, sin penumbras,
palmera, dátil, alfajor morisco,
un aljibe en el alma de los cielos.
El mar azul le ciñe en su reposo
cálidamente azul. Áureo y tan libre
que algún peñón aborda en la rompiente
conmemorando a Venus.
Y aquella voz que fue en la acequia
una voz de gargantas y arcabuces
hoy es el pedernal tallado en luz.
Sus descarnados deudos, los cipreses,
el naranjal, los huertos de Orihuela
y una lluvia de huesos y amapolas
junto a él cantarán a su palabra.

José Soriano Simón
Safe Creative


 
Última edición:
Era un almendro humano
plantado en el esqueje de un enjambre.
Su silbo fue un panal enamorado
y un verso hecho colmena cada día.
Era sombra en la vega,
como la higuera sola,
como un falucho de cristal ligero
que vagando en el mar
refulgía de luz
sobre un mundo abierto
entre cuatro costados melodiosos
y algunos horizontes sin montañas.
En la cañada, el lúbrico rebaño
eclipsaba las fases de la luna.
Carneros vesperales y agrestes
eran nubes hermosas como un palmeral.,
y eran relámpagos y yeguas agrupadas
y eran el silbo del dale que dale.
En ese tiempo, el báculo de Miguel
se hizo honda de pastor,
polvo de siglos, tolvanera, tromba
de arena restallada en los pámpanos
y entre las agraces córneas de las uvas
,-como el hollejo enfermo de la vid,-
Y de tanto contemplar el páramo
y su órbita ocular, Santa Lucía
curaba el lagrimal de los racimos
con el bálsamo astral de sus milagros.
Allí Miguel, ya en paz y entre viñedos,
se hizo pastor de cepas y de trigos...
Pámpanos amarillos y morados,
,-la granazón sacramental del fruto,-
como su bandera republicana.
La espiga plateresca,
,-harina del obrero,- será de acíbar
como el racimo agraz del mes de mayo.
Perito en corzas sobre la luna nueva,
letrado de las lluvias malogradas,
y furtivo cazador de meteoros
atrapando a las nubes con reclamos.
Mayoral de un rebaño que al galope
era un caballo de Troya entre milanos negros.
La paz de su campiña olía a huerta y hebras de oro
y a lagartos vegetales y a hecatombes de hormigas
cuando entre los fulgores del ocaso
se encendían las natas de un almendro.
Así se fue Miguel,
con la infalible brama y el desove
de algún parto de lirios y estrellas,
y en la dulce miel del verso entre panales
azucarada y densa y tenazmente.
De la luz de Orihuela rodeado.
Luz cegadora, a escala, sin penumbras,
palmera, dátil, alfajor morisco,
un aljibe en el alma de los cielos.
El mar azul le ciñe en su reposo
cálidamente azul. Áureo y tan libre
que algún peñón aborda en la rompiente
conmemorando a Venus.
Y aquella voz que fue en la acequia
una voz de gargantas y arcabuces
hoy es el pedernal tallado en luz.
Sus descarnados deudos, los cipreses,
el naranjal, los huertos de Orihuela
y una lluvia de huesos y amapolas
junto a él cantarán a su palabra.

José Soriano Simón
Safe Creative


Querido Pepe: largo poema elegíaco es este. No se le puede negar esta característica, pero qué difíciles son los versos libres de los que saca mas jugo el autor que el lector al menos en un primer contacto. Tiene, sin embargo el poema un regusto a los otros que te he leído sobre el poeta oriolano con un registro similar notándose a la legua tu gusto por su poesía en estos alardes meta poéticos. Tdndré que volver sobre él para intentar sacarle más jugo pues no me ha resultado de fácil comprensión a la primera.
Un abrazo.

Salva.
 
Última edición:
EEntiendo perfectamente lo que comentas, antes de que lo leas de nuevo, verás que tengo otro publicado posteriormente que con toda certeza lo entenderás mejor, pásate cuando puedas porque siendo diferentes he pretendido decir lo mismo o parecido
Ya me dirás
Se titula
Elegía para un poeta republicano (II) y no es una selva modernista
Abrazo
 

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