Melquiades San Juan
Poeta veterano en MP
Ella viene y se sienta ahí, siempre a la misma hora. Un espacio de mi sueño se abre al filo de la madrugada. Oigo que ladran los perros a los fantasmas del polvo. Es una fobia de ellos contra las ventiscas que los asustan al hacerse visibles. Ella está cosiendo el ojal de una camisa, está mirando también al fondo de la calle donde nadie ni nada aparece. Ella sabe que es un esperar inútil, que no vuelve, si acaso, hasta la noche. Suelta varios suspiros y quiere hacerse llorar como la forma de un hablar consigo mismo, cada sollozo una queja que hace brotar todas las respuestas silenciosas desde dentro. La conmiseración que halla caminos entre tanta soledad. No la miro llorar pero sé que llora por dentro, por dentro se llora sangre -pienso-, es mejor llorar por fuera, es mejor que el llanto salga y se seque sobre las mejillas, que refresque el rostro, que se quede ahí su sal para que algún rayo luminoso venga y forme un arcoíris.
Un espacio de sueño se abre por la madrugada para hacerme sentir que ese penar aún no ha muerto, que no se murió con ella, que quizá sí pueda morir conmigo.
Un espacio de sueño se abre por la madrugada para hacerme sentir que ese penar aún no ha muerto, que no se murió con ella, que quizá sí pueda morir conmigo.
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