Ella y La Flor

Zetalv Raabe

Poeta recién llegado
Era un cálido domingo de Octubre,
mientras los últimos haces de luz atravesaban las ventanillas
y los primeros pasajeros descendían en la oscura urbe.
Yo observaba sus rostros que parecían pesadillas.

Y entonces,
a mi lado la ví;
era una señora que,
como un desmembrado colibrí,
desprendía pena y se notaba angustiada.
La observé,
tenía su mirada absorvida por la nada,
mientras que con fuerza se aferraba a una Flor radiante,
anaranjada, iluminada por la estrella brillante.

Sostenía aquella Flor con notorio miedo.
Miedo de perderla
y que ella también la abandonase.
Sostenía aquella Flor como si imaginara,
que entre sus manos aún estaba
el calor de aquella persona preciada.
Que se fué,
y más nunca jamás volverá.

Se destinguía en su mirada
que deseaba poder darle un último adiós,
un último beso,
una última caricia, un último favor.

Ya no había sonrisas y conversación,
sino silencio y desolación.

Ya no eran dos,
sino Ella y La Flor.

ZRaab.
Vivencias en el trasporte público.
07/10/18
 
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