en cualquier vagón de El Metro

Melquiades San Juan

Poeta veterano en MP
se abren las puertas del tren
rostros sucios, maquillados, estúpidos, sonrientes, enojados:
máscaras del día
manadas con su uniforme cotidiano
seres abeja
seres hormiga
seres ratón
seres perico
masticando sus secreciones glandulares
diseminando sus flatulencias
conteniendo la ira de mirarse en otro
y de la mirada de otro
pusilánime: hombre y prohombre
que al final del día se desnuda
acomodaticio,
de podrida moralidad
para el orgasmo del ego

de mis ojos de cucaracha
mutada
por los inecticidas
 
Última edición:
UY, parece que no ha tenido buena mañana
en el transporte.
Don Melquiades, hombre, no todas somos así,
míreme,
soy un encanto o no? JAJAJAJAJA
Perdón, es que ya voy cogiendo confianza,
pero le aseguro que si me lo encuentro en el metro
le pondré una sonrisa de oreja a oreja.
Ya no voy en metro,
lo utilicé diez años en Madrid,
ahora en mi ciudad, voy andando, es muy pequeña.
Un abrazo.
 
Última edición:
UY, parece que no ha tenido buena mañana
en el transporte.
Don Melquiades, hombre, no todas somos así,
míreme,
soy un encanto o no? JAJAJAJAJA
Perdón, es que ya voy cogiendo confianza,
pero le aseguro que si me lo encuentro en el metro
le pondré una sonrisa de oreja a oreja.
Ya no voy en metro,
lo utilicé diez años en Madrid,
ahora en mi ciudad, voy andando, es muy pequeña.
Un abrazo.

Doña Elena, cómo está, feliz inicio de semana.
Esta semana he tenido la visita del filósofo de huarache y calzón de manta de San Juan de los Magueyes: don Diógenes Pérez.
Allá en el pueblo de apenas 500 habitantes, nuestro personaje camina por las calles polvorientas llevando una lámpara de aceite a medio día para buscar -dice- el hombre honesto, íntegro...

Lo hemos llevado por la ciudad donde sobreviven 20 millones de habitantes para ver si tiene mejores resultados que en el pueblo en su búsqueda. Y lo que más le ha impresionado ha sido la estación del metro Bellas Artes, una de las más céntricas. Ha visto al ser humano en un ambiente extraño y ha dicho: No parecen humanos, no parece que tragaran saliva, parecen seres de otro planeta.

Ante su mirada pasaron las mejores obras estéticas de los cirujanos de esta gran urbe. Estos animales "racionales" luciendo sus mejores galas, sus mejores y más estudiados gestos.

A un lado del palacio de Bellas Artes, el máximo escenario de la cultura en este país, ha visto llegar en el metro (por la facilidad como medio de comunicación de cuerpos) a íconos o supuestos íconos de la poesía y literatura del país, disfrazados de un blanco casi ridículo y casi bufón; motivados acaso por su dominio de ciertas técnicas rítmicas o métricas, que les ha valido para disfrutar de cierta reverencia en el medio, tan dado a reverenciar y al halago.

Ha visto también al representante más común del género humano, ese que llaman pueblo, y no ha encontrado mayor diferencia entre el ciudadano común de San Juan de los Magueyes, nuestro pueblo y los de la gran urbe: ajenos, inconscientes, pasivos; como todo rebaño, en espera del instante en que le toque el turno de la ordeña o sacrificio.

Y todos esos rostros no le han parecido ajenos, mira y siente su mirada crítica sobre el género humano, a la vez se critica por ver así, por tomarse la atribución de constituirse ajeno a una sociedad a la que pertenece y de la cual le es realmente imposible sustraerse, al menos en la realidad, aunque mental y racionalmente haga el pulcro ejercicio.

La última charla del día de ayer se quedó en la mente y apenas amaneció vinieron estas líneas, las puse en poemas filosóficos pero el robot del sistema, que parece es ya parte de la nueva generación de robótica racional, esa que pronto se diseñará a sí misma, le ha buscado un sitio adecuado según ella, ya dirá El Prior si dispone otra cosa.

Abrazos doña Elena. Que tenga un lindo fin de semana en su pueblito. Aquí, en la gran urbe intentaremos lograr lo mismo. Gracias por comentar.
 
Última edición:
Doña Elena, cómo está, feliz inicio de semana.
Esta semana he tenido la visita del filósofo de huarache y calzón de manta de San Juan de los Magueyes: don Diógenes Pérez.
Allá en el pueblo de apenas 500 habitantes, nuestro personaje camina por las calles polvorientas llevando una lámpara de aceite a medio día para buscar -dice- el hombre honesto, íntegro...

Lo hemos llevado por la ciudad donde sobreviven 20 millones de habitantes para ver si tiene mejores resultados que en el pueblo en su búsqueda. Y lo que más le ha impresionado ha sido la estación del metro Bellas Artes, una de las más céntricas. Ha visto al ser humano en un ambiente extraño y ha dicho: No parecen humanos, no parece que tragaran saliva, parecen seres de otro planeta.

Ante su mirada pasaron las mejores obras estéticas de los cirujanos de esta gran urbe. Estos animales "racionales" luciendo sus mejores galas, sus mejores y más estudiados gestos.

A un lado del palacio de Bellas Artes, el máximo escenario de la cultura en este país, ha visto llegar en el metro (por la facilidad como medio de comunicación de cuerpos) a íconos o supuestos íconos de la poesía y literatura del país, disfrazados de un blanco casi ridículo y casi bufón; motivados acaso por su dominio de ciertas técnicas rítmicas o métricas, que les ha valido para disfrutar de cierta reverencia en el medio, tan dado a reverenciar y al halago.

Ha visto también al representante más común del género humano, ese que llaman pueblo, y no ha encontrado mayor diferencia entre el ciudadano común de San Juan de los Magueyes, nuestro pueblo y los de la gran urbe: ajenos, inconscientes, pasivos; como todo rebaño, en espera del instante en que le toque el turno de la ordeña o sacrificio.

Y todos esos rostros no le han parecido ajenos, mira y siente su mirada crítica sobre el género humano, a la vez se critica por ver así, por tomarse la atribución de constituirse ajeno a una sociedad a la que pertenece y de la cual le es realmente imposible sustraerse, al menos en la realidad, aunque mental y racionalmente haga el pulcro ejercicio.

La última charla del día de ayer se quedó en la mente y apenas amaneció vinieron estas líneas, las puse en poemas filosóficos pero el robot del sistema, que parece es ya parte de la nueva generación de robótica racional, esa que pronto se diseñará a sí misma, le ha buscado un sitio adecuado según ella, ya dirá El Prior si dispone otra cosa.

Abrazos doña Elena. Que tenga un lindo fin de semana en su pueblito. Aquí, en la gran urbe intentaremos lograr lo mismo. Gracias por comentar.


Muchísimas gracias a Vd. infinitas, por este regalo que acaba de hacerme,
no sólo a mí por supuesto, a todos.
Debería de colgar este comentario en prosa generales,
al igual que aquella magnífica carta que me escribió el noviembre pasado,
creo, donde me contó cosas sobre su fascinante vida y su familia,
y me habló sobre esa compañera de viaje,no se me olvida, desde luego.

Ahora entiendo los rostros del metro, gracias por explicármelo,
he ido a gloogle, a interesarme por D. Diógenes Pérez,
desde luego que no le conocía, y solo he encontrado links para unirme a facebook,
lo intentaré de nuevo,me ha parecido un curioso personaje.
Pero que no le falta razón en absoluto, ha de ser cierto lo que dice,
donde yo vivo, Orense, imagínese cien mil habitantes, en la capital,
nada que ver con el ritmo de vida que llevaba en Madrid,
que ahora rondará los seis millones con tanta gente que no está censada.
Pues tendrá razón el hombre.
Hay que maquillarse para esconder la amargura.

Muchísimas gracias otra vez, por su generosidad.

Y si alguna vez va a Lugo, a visitar a familiares,
no dude en pasar por Orense, con su familia.
Están invitados por supuesto.

Un abrazo para Vd. también y dele otro al señor Diógenes.
 
Última edición:
eso pienso cuando ando por mis calles de la capital
cuando estoy en el autobus y veo la gente con sus prisas y caras
llenas de expresiones, a veces, me da curiosidad que sus miradas no dicen nada
tan vacias, o tan apresurados...
eso me agobia, ver la gente corriendo, desesperados por llegar alguna parte...
me chocan cuando camino, parecen hormigas...eso es un hecho...
como te disfruto mi querido mel...eres un deleite...
 
Doña Elena, cómo está, feliz inicio de semana.
Esta semana he tenido la visita del filósofo de huarache y calzón de manta de San Juan de los Magueyes: don Diógenes Pérez.
Allá en el pueblo de apenas 500 habitantes, nuestro personaje camina por las calles polvorientas llevando una lámpara de aceite a medio día para buscar -dice- el hombre honesto, íntegro...

Lo hemos llevado por la ciudad donde sobreviven 20 millones de habitantes para ver si tiene mejores resultados que en el pueblo en su búsqueda. Y lo que más le ha impresionado ha sido la estación del metro Bellas Artes, una de las más céntricas. Ha visto al ser humano en un ambiente extraño y ha dicho: No parecen humanos, no parece que tragaran saliva, parecen seres de otro planeta.

Ante su mirada pasaron las mejores obras estéticas de los cirujanos de esta gran urbe. Estos animales "racionales" luciendo sus mejores galas, sus mejores y más estudiados gestos.

A un lado del palacio de Bellas Artes, el máximo escenario de la cultura en este país, ha visto llegar en el metro (por la facilidad como medio de comunicación de cuerpos) a íconos o supuestos íconos de la poesía y literatura del país, disfrazados de un blanco casi ridículo y casi bufón; motivados acaso por su dominio de ciertas técnicas rítmicas o métricas, que les ha valido para disfrutar de cierta reverencia en el medio, tan dado a reverenciar y al halago.

Ha visto también al representante más común del género humano, ese que llaman pueblo, y no ha encontrado mayor diferencia entre el ciudadano común de San Juan de los Magueyes, nuestro pueblo y los de la gran urbe: ajenos, inconscientes, pasivos; como todo rebaño, en espera del instante en que le toque el turno de la ordeña o sacrificio.

Y todos esos rostros no le han parecido ajenos, mira y siente su mirada crítica sobre el género humano, a la vez se critica por ver así, por tomarse la atribución de constituirse ajeno a una sociedad a la que pertenece y de la cual le es realmente imposible sustraerse, al menos en la realidad, aunque mental y racionalmente haga el pulcro ejercicio.

La última charla del día de ayer se quedó en la mente y apenas amaneció vinieron estas líneas, las puse en poemas filosóficos pero el robot del sistema, que parece es ya parte de la nueva generación de robótica racional, esa que pronto se diseñará a sí misma, le ha buscado un sitio adecuado según ella, ya dirá El Prior si dispone otra cosa.

Abrazos doña Elena. Que tenga un lindo fin de semana en su pueblito. Aquí, en la gran urbe intentaremos lograr lo mismo. Gracias por comentar.

Bueno el poema compañero,
pero me emocionó este comentario,
lo leeré más veces.

Felicitaciones!!!

eP
 
Muchísimas gracias a Vd. infinitas, por este regalo que acaba de hacerme,
no sólo a mí por supuesto, a todos.
Debería de colgar este comentario en prosa generales,
al igual que aquella magnífica carta que me escribió el noviembre pasado,
creo, donde me contó cosas sobre su fascinante vida y su familia,
y me habló sobre esa compañera de viaje,no se me olvida, desde luego.

Ahora entiendo los rostros del metro, gracias por explicármelo,
he ido a gloogle, a interesarme por D. Diógenes Pérez,
desde luego que no le conocía, y solo he encontrado links para unirme a facebook,
lo intentaré de nuevo,me ha parecido un curioso personaje.
Pero que no le falta razón en absoluto, ha de ser cierto lo que dice,
donde yo vivo, Orense, imagínese cien mil habitantes, en la capital,
nada que ver con el ritmo de vida que llevaba en Madrid,
que ahora rondará los seis millones con tanta gente que no está censada.
Pues tendrá razón el hombre.
Hay que maquillarse para esconder la amargura.

Muchísimas gracias otra vez, por su generosidad.

Y si alguna vez va a Lugo, a visitar a familiares,
no dude en pasar por Orense, con su familia.
Están invitados por supuesto.

Un abrazo para Vd. también y dele otro al señor Diógenes.

Estimada amiga. Mire, el filosofo Diógenes Perez vive en San Juan de los Magueyes, desempeña oficios diversos tales como pastor de sus propias ovejas en los cerros vecinos del poblado; campanero del pueblo, para despedir a los amigos en el último viaje; boleador de calzado en la placita principal del pueblo en los domingos, para enterarse de la vida de los demás mientras lustra el calzado; enterrador del panteón municipal, esto para hablarle y pellizcar a los muertos antes de echarles tierra, para asegurarse que no se llevan ni un suspiro guardado y están realmente muertos.
Déjeme decirle que apenas terminó la educación básica, lee con dificultad moviendo los labios al leer, no tiene computadora mucho menos facebook, apenas le estoy construyendo su biografía para la Wikipedia para que nuestra gloria pueblerina deje alguna huella en su tiempo. No obstante su precaria educación convencional es una de las lumbreras del pensamiento que vale la pena escuchar. Son sus centros de disertación la orilla del río, las cantinas del pueblo, las bancas de los ociosos en la plaza pública y los velorios del pueblo. Oírle disertar en su lenguaje sencillo, no se desanime, cada pueblo tiene su propio Diógenes de Sinope, cuestión de atender a esos individuos que suelen desafiar los convencionalismos y mirar sin atender todo eso hermoso y sublime que el hombre ha construido en torno suyo para parecer un ser dotado de todas las cualidades ideales que consideramos debiera tener todo ser humano. Abrazos y gracias por leer y por sus comentarios.
 
eso pienso cuando ando por mis calles de la capital
cuando estoy en el autobus y veo la gente con sus prisas y caras
llenas de expresiones, a veces, me da curiosidad que sus miradas no dicen nada
tan vacías, o tan apresurados...
eso me agobia, ver la gente corriendo, desesperados por llegar alguna parte...
me chocan cuando camino, parecen hormigas...eso es un hecho...
como te disfruto mi querido mel...eres un deleite...

Una especie de autismo, aún no colectivo, una parte del intento de poema. Abrazos amiga.
 
se abren las puertas del tren
rostros sucios, maquillados, estúpidos, sonrientes, enojados:
máscaras del día
manadas con su uniforme cotidiano
seres abeja
seres hormiga
seres ratón
seres perico
masticando sus secreciones glandulares
diseminando sus flatulencias
conteniendo la ira de mirarse en otro
y de la mirada de otro
pusilánime: hombre y prohombre
que al final del día se desnuda
acomodaticio,
de podrida moralidad
para el orgasmo del ego

de mis ojos de cucaracha
mutada
por los inecticidas

Se abren las puertas de un tren
y una se encuentra con lo mejor de cada casa.
Así somos...
Un placer la lectura.Saludos
 

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