danie
solo un pensamiento...
En el Aeroparque Jorge Newbery
he visto que la gente se trepa de la alambrada,
algunos se llevan una mesa y un par de sillas
para comer un almuerzo completo, mientras esperan…
Hasta las madres bajan de los autos con sus bebés en brazos.
He visto albañiles, bomberos, médicos, policías…
Todos esperan el horario pico en que aterrizan los aviones.
Pareciera que las aves también
dejan de volar y se paran en los postes de luz
por el espectáculo del aterrizaje.
Uno los oye hablar y se da cuenta
que conocen todos los arribos, las líneas que siempre vienen demoradas,
el diferente sonido de cada propulsor, los transbordos de cada compañía.
Y no sólo los conocen, sino que tiene un amor inherente a observar los aviones,
que me deja espasmódico y me causa algo de miedo.
—Ahí viene un Airbus 380… En 10 min. aterriza un Intercontinental 747.
(Uno piensa: “estos infelices, se conocen hasta los números de memoria; y,
saber que, yo, no puedo memorizar ni mi número de celular”)
Para ellos, más que un hobby es un oficio extracurricular.
Tal vez, hasta algunos, cuando buscan trabajo ponen en sus CV
que son especialista en observar aviones “con todo lo que implica ello”.
La laboriosa tarea del espectador dura un a media hora, apróx.
Después de eso el policía vuelve a escribir las multas, el médico al hospital,
el albañil a la obra, el bombero a bajar los gatitos de los árboles,
la secretaria a franelearse con su jefe, el jefe a meter la mano
dentro de la falda de la secretaria, las madres con sus hijos
a la guardería, y hasta el chorro se prepara para asaltar el banco.
Se podría decir que el mundo vuelve a su normalidad.
Y uno se pregunta: “¿qué pasaría si, un día, todos estos enamorados
del aterrizaje de las aviones se llevan el chasco de no ver aterrizar un solo avión?”
Seguramente, habría una cadena de suicidios colectivos
y el mundo se quedaría detenido
...........................................por falta de personal.
he visto que la gente se trepa de la alambrada,
algunos se llevan una mesa y un par de sillas
para comer un almuerzo completo, mientras esperan…
Hasta las madres bajan de los autos con sus bebés en brazos.
He visto albañiles, bomberos, médicos, policías…
Todos esperan el horario pico en que aterrizan los aviones.
Pareciera que las aves también
dejan de volar y se paran en los postes de luz
por el espectáculo del aterrizaje.
Uno los oye hablar y se da cuenta
que conocen todos los arribos, las líneas que siempre vienen demoradas,
el diferente sonido de cada propulsor, los transbordos de cada compañía.
Y no sólo los conocen, sino que tiene un amor inherente a observar los aviones,
que me deja espasmódico y me causa algo de miedo.
—Ahí viene un Airbus 380… En 10 min. aterriza un Intercontinental 747.
(Uno piensa: “estos infelices, se conocen hasta los números de memoria; y,
saber que, yo, no puedo memorizar ni mi número de celular”)
Para ellos, más que un hobby es un oficio extracurricular.
Tal vez, hasta algunos, cuando buscan trabajo ponen en sus CV
que son especialista en observar aviones “con todo lo que implica ello”.
La laboriosa tarea del espectador dura un a media hora, apróx.
Después de eso el policía vuelve a escribir las multas, el médico al hospital,
el albañil a la obra, el bombero a bajar los gatitos de los árboles,
la secretaria a franelearse con su jefe, el jefe a meter la mano
dentro de la falda de la secretaria, las madres con sus hijos
a la guardería, y hasta el chorro se prepara para asaltar el banco.
Se podría decir que el mundo vuelve a su normalidad.
Y uno se pregunta: “¿qué pasaría si, un día, todos estos enamorados
del aterrizaje de las aviones se llevan el chasco de no ver aterrizar un solo avión?”
Seguramente, habría una cadena de suicidios colectivos
y el mundo se quedaría detenido
...........................................por falta de personal.
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