Halach
Poeta fiel al portal
La vi subir a la combi esta mañana, arreglada, como para un desayuno navideño, los labios rojos muy bien delineados, los párpados rojos, el cabello rojo, una blusa con holán roja, la falda, el saco y los zapatos: negros.
Su mirada denotaba cansancio, se percibía algo en toda ella que parecía llevarla muy lejos de allí para ubicarla en su cama, durmiendo o por lo menos acostada.
Sobre sus piernas, tenía un niño de 4 o 5 años, ojos grandes, redondos, con mucha vida, pícaros, inquietos, negros y con luz. El cabello corto, como se dice aquí en Yucatán tixpool es decir, lacio y como erizo, apuntando en todas direcciones. La sonrisa que tenía le iluminaba todo el rostro, incluso el mío ¡qué maravilla es la sonrisa de un niño!.
Avanzamos un tramo. Yo, sentada frente a ellos escuchaba música como cada mañana, mientras observaba a las personas que acompañaban mi viaje. Ellos dos, madre e hijo, llamaron mucho mi atención, luz y sombra.
Yo no alcanzaba a escuchar nada más que la música en mi Ipod, por lo que supongo que ella pidió la parada, pues la combi comenzó a desacelerar para estacionarse mientras ella preparaba la mochila. Al frenar la combi se abrió la puerta apareciendo en la banqueta, de pie en el paradero, una mujer regordeta con el cabello cano, vestida de blanco, de piel blanca con una sonrisa amplia y hermosa, llena de ternura.
El niño estiró los brazos para que la abuela lo recibiera, pero ella no se movió ni intentó acercarse para ayudarlo a bajar. Entonces el niño se las ingenió para quedar fuera del vehículo y llegar a los brazos de la mujer, que los abría de par en par como seguro tenía abierto el corazón.
Se abrazaron con mucha alegría o con mucho amor, o con mucha alegría y amor ¿por qué no?, aunque fue breve, pues el chofer de la combi al notar que la joven mujer no bajaría, reinició su camino para llevarnos a nuestro destino.
Apenas avanzaba el automóvil, la abuela y el nieto voltearon para despedirse. La madre (ella), se despedía y por primera vez, en todo el recorrido, la vi con un atisbo de emoción y luz en su rostro, se le dibujo una sonrisa que mostraba la ternura y el amor que deseaba dejar a su hijo como diciendo con todo su rostro: te amo y nos veremos pronto. El niño agitaba la mano como si la madre se fuera por una eternidad
Todo esto la vida nos lo da cada día.
Todo inicia y termina, tiene principio y fin, la vida es una secuencia continua de ciclos, de días y noches, de risas y llantos, de despedidas y encuentros esto nos mantiene vivos, nos hace valorar a quienes están cercanos de nuestra alma cuando se alejan, porque entonces pensamos en lo que tenemos en común, en lo que nos mantiene unidos cuando estamos lejos
A veces la distancia nos da tanto miedo cuando es simple y llanamente, una parte importante del amor.