Roberto Vallejos L
Poeta recién llegado
En otro tiempo
Pudo ser fines de 1900, cuando la poesía llenaba el aire,
sentada en un café, con tu vestido largo, sombrero de ala ancha,
mantilla, abanico y sombrilla para protegerte del sol,
música de fondo de Schubert, un café en la mesa, tomaste un sorbo,
anotabas en un cuaderno y no levantabas la mirada.
Al siguiente día a la misma hora pase por el café en coche, pero no estabas,
avance dos cuadras, llegue a unas tiendas, muchas damas comprando,
te busque entre el gentío y no te halle, gran desazón y frustración,
recorrí las calles que transitas diariamente, por si nos cruzábamos,
pase por tu casa, me acerque al balcón, y vi por la ventana tu hermosa cabellera.
Un día después, llegue temprano al café, ubique mi mesa cerca de donde acostumbrabas sentarte,
de pronto apareciste con un libro entre las manos y tu cuaderno de notas en la otra,
pasaste por mi lado, tomaste asiento, te sonreí, me correspondiste amablemente,
pregunté, ¿que lees?, dijiste a Walt Withman, pedí sentarme en tu mesa, accediste, me sorprendiste, no esperaba que aceptaras,
cuando tome asiento en tu mesa, quede mudo, una sonrisa traviesa revelaba mi sonrojo.
Hablamos de poesía, te gustaba Walt Withman, leerlo y sentir sus versos, para ti era un placer,
te acompañe a casa, conversamos de nosotros, mencionaste que eras soltera que hablabas muy bien inglés y francés y que eras modista,
te interesaste en saber cuál era mi profesión, te dije que bibliotecario, que también era soltero, que hablaba inglés pero no fluido,
empezamos a frecuentarnos asistíamos al café diariamente a deleitarnos con el café Oropres y disfrutar de la lectura,
poco a poco fui conquistándote, sin darnos cuenta nos enamoramos, hablé con tus padres y al cabo de un año nos casamos y formamos una familia.
En otro tiempo y en otro lugar, esta podría haber sido nuestra historia.
29/01/19 Roberto Vallejos
Pudo ser fines de 1900, cuando la poesía llenaba el aire,
sentada en un café, con tu vestido largo, sombrero de ala ancha,
mantilla, abanico y sombrilla para protegerte del sol,
música de fondo de Schubert, un café en la mesa, tomaste un sorbo,
anotabas en un cuaderno y no levantabas la mirada.
Al siguiente día a la misma hora pase por el café en coche, pero no estabas,
avance dos cuadras, llegue a unas tiendas, muchas damas comprando,
te busque entre el gentío y no te halle, gran desazón y frustración,
recorrí las calles que transitas diariamente, por si nos cruzábamos,
pase por tu casa, me acerque al balcón, y vi por la ventana tu hermosa cabellera.
Un día después, llegue temprano al café, ubique mi mesa cerca de donde acostumbrabas sentarte,
de pronto apareciste con un libro entre las manos y tu cuaderno de notas en la otra,
pasaste por mi lado, tomaste asiento, te sonreí, me correspondiste amablemente,
pregunté, ¿que lees?, dijiste a Walt Withman, pedí sentarme en tu mesa, accediste, me sorprendiste, no esperaba que aceptaras,
cuando tome asiento en tu mesa, quede mudo, una sonrisa traviesa revelaba mi sonrojo.
Hablamos de poesía, te gustaba Walt Withman, leerlo y sentir sus versos, para ti era un placer,
te acompañe a casa, conversamos de nosotros, mencionaste que eras soltera que hablabas muy bien inglés y francés y que eras modista,
te interesaste en saber cuál era mi profesión, te dije que bibliotecario, que también era soltero, que hablaba inglés pero no fluido,
empezamos a frecuentarnos asistíamos al café diariamente a deleitarnos con el café Oropres y disfrutar de la lectura,
poco a poco fui conquistándote, sin darnos cuenta nos enamoramos, hablé con tus padres y al cabo de un año nos casamos y formamos una familia.
En otro tiempo y en otro lugar, esta podría haber sido nuestra historia.
29/01/19 Roberto Vallejos