marea nueva
Poeta veterano en el portal
Eras el más dispuesto a probar la vacuna, hombre de 74 años en tiempos de pandemia, que responsablemente se resguardó en casa, tú en la tuya y yo en la mía, porque lo independiente ni como quitártelo.
Recuerdo que antes de estos extraños días que nos ha tocado vivir, las llamadas telefónicas eran breves, para lo necesario pues nos veíamos de mínimo dos veces a la semana en la cafetería, lugar que tuviste que cerrar también, sin embargo, conforme pasaban los días de confinamiento las llamadas se tornaron mas frecuentes, los mensajes diarios, las video llamadas con todos lo hijos, te actualizaste con los recursos de comunicación.
Por mi parte, cuando llamabas te ponía en alta voz para seguir haciendo mis pendientes, porque aquellas ultimas llamadas eran mas largas, mas de risas, y fueron también como competencias a campo traviesa en un lugar sin caminos para andar, solo la voz y la imagen nos daba esa sensación de cercanía, al menos de la física, recuerdo aquella ocasión en que ya para terminar nuestra conversación me dijiste : Batimos record hija, hablamos 85 minutos…
Hago memoria de estas cosas para que no te escapes de mis ojos, para recordar tu barba blanca y tu sonrisa franca, para no olvidarte parado en la puerta de la casa cuando pasábamos por el frente a mandarte besos y abrazos y llevarte algún antojo.
Hago memoria de los últimos días para que me duela menos los abrazos que no pudimos darnos el ultimo año de tu vida, o el café que no tomamos con la esperanza de vernos en un futuro que cada vez parecía mas lejano.
Y después me aferro a lo que fuimos antes y para siempre, padre e hija, comiendo, llorando, riendo, ayudando, acompañando, sosteniendo, animando.
Te fuiste en un abrir y cerrar de ojos, sin hacer cama ni estancia en hospitales: ¡Bien por ti!
Por mi parte, te extraño tanto, y a veces me enoja que no estés, teníamos planes papito, teníamos planes.
Gracias hasta el cielo, donde como alguna vez dijiste : ¡ ahí no estaré preocupado de nada! Seré perfectamente feliz
Recuerdo que antes de estos extraños días que nos ha tocado vivir, las llamadas telefónicas eran breves, para lo necesario pues nos veíamos de mínimo dos veces a la semana en la cafetería, lugar que tuviste que cerrar también, sin embargo, conforme pasaban los días de confinamiento las llamadas se tornaron mas frecuentes, los mensajes diarios, las video llamadas con todos lo hijos, te actualizaste con los recursos de comunicación.
Por mi parte, cuando llamabas te ponía en alta voz para seguir haciendo mis pendientes, porque aquellas ultimas llamadas eran mas largas, mas de risas, y fueron también como competencias a campo traviesa en un lugar sin caminos para andar, solo la voz y la imagen nos daba esa sensación de cercanía, al menos de la física, recuerdo aquella ocasión en que ya para terminar nuestra conversación me dijiste : Batimos record hija, hablamos 85 minutos…
Hago memoria de estas cosas para que no te escapes de mis ojos, para recordar tu barba blanca y tu sonrisa franca, para no olvidarte parado en la puerta de la casa cuando pasábamos por el frente a mandarte besos y abrazos y llevarte algún antojo.
Hago memoria de los últimos días para que me duela menos los abrazos que no pudimos darnos el ultimo año de tu vida, o el café que no tomamos con la esperanza de vernos en un futuro que cada vez parecía mas lejano.
Y después me aferro a lo que fuimos antes y para siempre, padre e hija, comiendo, llorando, riendo, ayudando, acompañando, sosteniendo, animando.
Te fuiste en un abrir y cerrar de ojos, sin hacer cama ni estancia en hospitales: ¡Bien por ti!
Por mi parte, te extraño tanto, y a veces me enoja que no estés, teníamos planes papito, teníamos planes.
Gracias hasta el cielo, donde como alguna vez dijiste : ¡ ahí no estaré preocupado de nada! Seré perfectamente feliz