(A Federico García Lorca)
Cargaron sus fusiles.
Pocos fueron testigos:
su temblor, y el temblor de las estrellas
que sin luz, apagaron sus candiles.
Bajo el cielo el mayor de los castigos.
Cinco fueron las balas, y con ellas
un vómito asesino
lo dejaba a la vera del camino.
Cómo la miraría
tan de frente a la muerte que venía.
Ay, Víznar maniatado
a las zarzas que tiene la memoria.
Ay, Víznar señalado,
y su cuerpo es el índice en la historia.
Un hedor de la pólvora quemada
hubo en el olivar.
Nadie pudo llorar,
nadie lo supo, nadie en su Granada.
PepeSori
SafeCreative
Noviembre 2020