José rubiel Amaya Amaya
Poeta asiduo al portal
Eres tan hueca, tan vacía, tan oscura,
que la luz te obnubiló con su brillo,
te dejó encandilada,
tanta luz lo que hizo fue cegarte.
No fuiste capaz de asimilar
el baño de las aguas cristalinas
que lavaban en ti todo ese lodo;
la pureza, la limpieza,
te fastidió al momento.
La paz, la calma, ese silencio
que vienen después de la tormenta,
no ayudaron a mejorar tu vida.
Volviste como el puerco al fango,
a revolcarte en el lodo, en el vicio;
bien dicen que: “La cabra al monte tira”
“Y una vez más razón tuvo el refrán”
como lo canta el tango.
que la luz te obnubiló con su brillo,
te dejó encandilada,
tanta luz lo que hizo fue cegarte.
No fuiste capaz de asimilar
el baño de las aguas cristalinas
que lavaban en ti todo ese lodo;
la pureza, la limpieza,
te fastidió al momento.
La paz, la calma, ese silencio
que vienen después de la tormenta,
no ayudaron a mejorar tu vida.
Volviste como el puerco al fango,
a revolcarte en el lodo, en el vicio;
bien dicen que: “La cabra al monte tira”
“Y una vez más razón tuvo el refrán”
como lo canta el tango.