KOVAC
Poeta recién llegado
ENCUENTRO EN EL PISO DE ARRIBA
No se conocen de nada
ni falta que les hace
para hacer el amor
sin amarse tanto todavía.
De nada se conocen
y ya comparten la misma cama
en la misma alcoba
los próximos treinta minutos
distintos motivos se solapan,
se miman, se hacen existir el uno al otro.
Las lámparas son rojas, las paredes rojas,
rojas las sábanas, los labios
cerrados
rojos.
La mirada roja, los labios rojos
traducidos en euros
no son más que unos labios ortopédicos.
En las noches bajo una luz roja
los hombres cotizan al alza
la disciplina de que no se note
el sabor metálico –artificial-
de cada beso.
Tendrían que haberlo visto
después de haber deformado juntos
aquel colchón rojo,
cada uno vistiéndose
vencidos por el pudor, la vergüenza
de estar desnudos y tan cerca.
Daría para escribir un poema
en su honor si no fuera porque
son cotidianos, tan anónimos
como los nombres dentro de un corazón
arañados en los bancos de los parques.
Si no fuera porque en el piso de arriba
preguntarse los nombres
es siempre un exceso de diplomacia
burocrática y crepuscular.
No sé, pero en cierta manera este poema está influenciado por el Loco Carrizo. Inevitablemente pensaba en él mientras lo escribía. Eso sí completamente vestido.
No se conocen de nada
ni falta que les hace
para hacer el amor
sin amarse tanto todavía.
De nada se conocen
y ya comparten la misma cama
en la misma alcoba
los próximos treinta minutos
distintos motivos se solapan,
se miman, se hacen existir el uno al otro.
Las lámparas son rojas, las paredes rojas,
rojas las sábanas, los labios
cerrados
rojos.
La mirada roja, los labios rojos
traducidos en euros
no son más que unos labios ortopédicos.
En las noches bajo una luz roja
los hombres cotizan al alza
la disciplina de que no se note
el sabor metálico –artificial-
de cada beso.
Tendrían que haberlo visto
después de haber deformado juntos
aquel colchón rojo,
cada uno vistiéndose
vencidos por el pudor, la vergüenza
de estar desnudos y tan cerca.
Daría para escribir un poema
en su honor si no fuera porque
son cotidianos, tan anónimos
como los nombres dentro de un corazón
arañados en los bancos de los parques.
Si no fuera porque en el piso de arriba
preguntarse los nombres
es siempre un exceso de diplomacia
burocrática y crepuscular.
No sé, pero en cierta manera este poema está influenciado por el Loco Carrizo. Inevitablemente pensaba en él mientras lo escribía. Eso sí completamente vestido.
Última edición: