Supongo que el misterio de tu primer terceto es la muerte, aunque también podría ser la locura... No creo en los encuentros alados, pero admito la metáfora.
Los últimos dos versos de tu segundo cuarteto me parecen mejorables:
La vida nos prepara, por ese andar divino,
para reflexionar en los días austeros,
para las alegrías o enfrentar un ladino,
pero no si el amor se convierte en luceros.
En el tercer verso echo en falta un «para», en «para enfrentar...»; en el cuarto me quedo pensando: ¿a qué nos refiere ese «no»? ¿qué niega?
abrazo
Jorge