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Hojas secas harás mi antaño, lecho que cruje a tus avances.
Me pregunto acerca de alcances
de una memoria de ermitaño
que me recuerda cada año
que volverás, ya siendo un ave
joven, difuminada y suave,
a revivir un viejo día.
Miente un reloj en su porfía si parte el tiempo en otra clave.
Espirituales desalojos se sufren cada vez que partes.
Sentirlos deberán ser artes
que tramas en tus labios rojos.
Y sin embargo, sin enojos,
te dejo huir, tal vez a brazos
donde tu sexo así, en pedazos,
como un amor del medioevo,
estalle libre, joven, nuevo, y a mí me queden los retazos.
Ya casi no tengo el donaire con rimas así de escasísimas.
Las chances me son poquitísimas,
¡con verla ya fáltame el aire!
Mas nunca te haré ese desaire
de, torpe, olvidar cosa buena.
Eneas aguarda en su almena,
dispuesto a lanzar esa flecha
precisa, letal y derecha que evite romper la cadena.