Melquiades San Juan
Poeta veterano en MP
Yo no murmuro, no miro, no escucho, no siento.
Ahí, en esas cuatro paredes, lo que sucede es inenarrable. Se pude intentar describir algo, pero, lo esencial, lo capital del hecho se queda siempre sin trascribir a las consciencias que atienden las palabras. No hay forma de que la mente asimile y valore todos los datos de lo que observa, no lo soporta, se evade, busca otros pensamientos para poder soportar la parte de la realidad que le corresponde como ser vivo y con consciencia.
Aquí llegan esos seres que han sido despojados de su derechos. Despojados digo, porque nadie puede decir tú, por tal razón, tienes tales o cuales derechos. Nadie, ni ese monstruo que se ha creado sobre nuestros hombros, ni ese poder que no tiene límites. Sin embargo, los que están aquí son más afortunados que otros seres vivos a los cuales jamás se les ha reconocido una calidad similar a la de los humanos. Los que llegan aquí ya vienen a servir como tubo humano de ensayo para lo que ya se ha probado en los "inferiores".
Qué sucede con los hombres de blanco con mascarilla y traje especial, que interactúan con estos seres segmentados del resto de la humanidad por su religión, por su rebeldía ante el poder que rige al mundo con el poder de las armas y de sus medios de comunicación. Hay una posible respuesta para lo que sucede con ellos, una que nos permita explicar o intentar comprender la razón por la cual, el hombre, puede cometer todo tipo de barbaries en la persona de otro hombre. Muchas son, indudablemente, las razones o motivaciones, pero en este caso funcionan tal como en los estados de guerra, esos conceptos que se visten de BIEN Mayor: la patria, el bienestar común, el bien de la humanidad entera.
Ahí, en estas cuatro paredes, la lucha del "sistema" es puesto a prueba. Todo cuanto integra el Ser vivo es probado, ya ha pasado por otras especies: desde los roedores hasta los primates, el ente microscópico los ha vencido a todos en una batalla horrorosa, infame, despiadada. Todos lo que puede sentir un ser vivo está ahí, y el mayor de ellos, el dolor, es el supremo Dios de la tortura. Cuerpos putrefactos son incinerados después del experimento, los restos, las cenizas, expuestas a otro tipo de materiales destructivo para al final, revisar los sedimentos en búsqueda de la presencia de los, casi indestructibles, depredadores invisibles. Los conceptos defensa-ataque constituyen el ideal del proyecto. No hay otro objetivo más que el hombre mismo. A él se protege y a él se ataca, la circunstancia que determina cuál es su papel en esas dos opciones es la de siempre: raza, nacionalidad, supremacía económica.
Estas cuatro paredes no son muros comunes y corrientes, no. Son superficies cuidadas para reducir al máximo las porosidades que pudieran alojar en ellas a uno de los terribles gladiadores invisibles. La luz es mortal e inhumana: tonos fríos y mercuriales, propios para inducir los estados depresivos en el ser vivo. En estas cuatro paredes se experimenta con cuestiones que van más allá del simple dolor, se juega con el Sistema inmunológico del hombre se le pone a prueba para conocer cómo funciona y hasta donde resiste. Se pode a prueba el funcionamiento de la mente, se producen enfermedades mentales individuales y colectivas para luego volverlas armas letales en contra de los intereses enemigos.
Yo no murmuro, no miro, no escucho, no siento. Mi vida atiende al término Top Secret o National Security, si me vuelvo un peligro para los poderes a los que sirvo, puedo terminar ahí, en esa misma habitación, mientras algo en mí se consume o parece que se consume.
Ahí, en esas cuatro paredes, lo que sucede es inenarrable. Se pude intentar describir algo, pero, lo esencial, lo capital del hecho se queda siempre sin trascribir a las consciencias que atienden las palabras. No hay forma de que la mente asimile y valore todos los datos de lo que observa, no lo soporta, se evade, busca otros pensamientos para poder soportar la parte de la realidad que le corresponde como ser vivo y con consciencia.
Aquí llegan esos seres que han sido despojados de su derechos. Despojados digo, porque nadie puede decir tú, por tal razón, tienes tales o cuales derechos. Nadie, ni ese monstruo que se ha creado sobre nuestros hombros, ni ese poder que no tiene límites. Sin embargo, los que están aquí son más afortunados que otros seres vivos a los cuales jamás se les ha reconocido una calidad similar a la de los humanos. Los que llegan aquí ya vienen a servir como tubo humano de ensayo para lo que ya se ha probado en los "inferiores".
Qué sucede con los hombres de blanco con mascarilla y traje especial, que interactúan con estos seres segmentados del resto de la humanidad por su religión, por su rebeldía ante el poder que rige al mundo con el poder de las armas y de sus medios de comunicación. Hay una posible respuesta para lo que sucede con ellos, una que nos permita explicar o intentar comprender la razón por la cual, el hombre, puede cometer todo tipo de barbaries en la persona de otro hombre. Muchas son, indudablemente, las razones o motivaciones, pero en este caso funcionan tal como en los estados de guerra, esos conceptos que se visten de BIEN Mayor: la patria, el bienestar común, el bien de la humanidad entera.
Ahí, en estas cuatro paredes, la lucha del "sistema" es puesto a prueba. Todo cuanto integra el Ser vivo es probado, ya ha pasado por otras especies: desde los roedores hasta los primates, el ente microscópico los ha vencido a todos en una batalla horrorosa, infame, despiadada. Todos lo que puede sentir un ser vivo está ahí, y el mayor de ellos, el dolor, es el supremo Dios de la tortura. Cuerpos putrefactos son incinerados después del experimento, los restos, las cenizas, expuestas a otro tipo de materiales destructivo para al final, revisar los sedimentos en búsqueda de la presencia de los, casi indestructibles, depredadores invisibles. Los conceptos defensa-ataque constituyen el ideal del proyecto. No hay otro objetivo más que el hombre mismo. A él se protege y a él se ataca, la circunstancia que determina cuál es su papel en esas dos opciones es la de siempre: raza, nacionalidad, supremacía económica.
Estas cuatro paredes no son muros comunes y corrientes, no. Son superficies cuidadas para reducir al máximo las porosidades que pudieran alojar en ellas a uno de los terribles gladiadores invisibles. La luz es mortal e inhumana: tonos fríos y mercuriales, propios para inducir los estados depresivos en el ser vivo. En estas cuatro paredes se experimenta con cuestiones que van más allá del simple dolor, se juega con el Sistema inmunológico del hombre se le pone a prueba para conocer cómo funciona y hasta donde resiste. Se pode a prueba el funcionamiento de la mente, se producen enfermedades mentales individuales y colectivas para luego volverlas armas letales en contra de los intereses enemigos.
Yo no murmuro, no miro, no escucho, no siento. Mi vida atiende al término Top Secret o National Security, si me vuelvo un peligro para los poderes a los que sirvo, puedo terminar ahí, en esa misma habitación, mientras algo en mí se consume o parece que se consume.
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