Esas manchas de lluvia que no salen con agua(*)

Riolita

Poeta adicto al portal
Cuando cerré el libro ardía
el último acero del ocaso,
y escuché las primeras tres gotas
de sangre caer al pasto.

Después del temblor vino el vértigo
de aquella gélida llama,
y no tardó, en un mareo congénito
el suelo en hacerse manta.

En el páramo creció el silencio
como un rumor en manada;
y tocando los timbales del incendio
el tiempo quemó las campanas.

Cuando cerré el libro ardía
en la tarde el agua oxigenada
y supe al instante que tenía
el rostro cortado por palabras.


(*)Otro título posible: Urticaria
 
Última edición:
Cuando cerré el libro ardía
el último acero del ocaso,
y escuché las primeras tres gotas
de sangre caer al pasto.

Después del temblor vino el vértigo
y aquella gélida llama
no tardó, en un mareo congénito
que el suelo se hiciera manta.

En el páramo creció el silencio
como un rumor en manada;
y tocando los timbales del incendio
el tiempo quemó las campanas.

Cuando cerré el libro ardía
en la tarde el agua oxigenada
y supe al instante que tenía
el rostro cortado por palabras.


(*)Otro título posible: Urticaria
Excelente compañero Riolita!
Un lujo de obra.
Felicitaciones.
Abrazo grande!
 
Cuando cerré el libro ardía
el último acero del ocaso,
y escuché las primeras tres gotas
de sangre caer al pasto.

Después del temblor vino el vértigo
y aquella gélida llama
no tardó, en un mareo congénito
que el suelo se hiciera manta.

En el páramo creció el silencio
como un rumor en manada;
y tocando los timbales del incendio
el tiempo quemó las campanas.

Cuando cerré el libro ardía
en la tarde el agua oxigenada
y supe al instante que tenía
el rostro cortado por palabras.


(*)Otro título posible: Urticaria
Maravilla, Riolita,, me encantó, ¿Qué libro era? Ya me interesó. Un gusto leerte.
 
Cuando cerré el libro ardía
el último acero del ocaso,
y escuché las primeras tres gotas
de sangre caer al pasto.

Después del temblor vino el vértigo
de aquella gélida llama,
y no tardó, en un mareo congénito
el suelo en hacerse manta.

En el páramo creció el silencio
como un rumor en manada;
y tocando los timbales del incendio
el tiempo quemó las campanas.

Cuando cerré el libro ardía
en la tarde el agua oxigenada
y supe al instante que tenía
el rostro cortado por palabras.


(*)Otro título posible: Urticaria
Excelentes letras.
Un abrazo.
 

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