Cuando cerré el libro ardía
el último acero del ocaso,
y escuché las primeras tres gotas
de sangre caer al pasto.
Después del temblor vino el vértigo
de aquella gélida llama,
y no tardó, en un mareo congénito
el suelo en hacerse manta.
En el páramo creció el silencio
como un rumor en manada;
y tocando los timbales del incendio
el tiempo quemó las campanas.
Cuando cerré el libro ardía
en la tarde el agua oxigenada
y supe al instante que tenía
el rostro cortado por palabras.
(*)Otro título posible: Urticaria
el último acero del ocaso,
y escuché las primeras tres gotas
de sangre caer al pasto.
Después del temblor vino el vértigo
de aquella gélida llama,
y no tardó, en un mareo congénito
el suelo en hacerse manta.
En el páramo creció el silencio
como un rumor en manada;
y tocando los timbales del incendio
el tiempo quemó las campanas.
Cuando cerré el libro ardía
en la tarde el agua oxigenada
y supe al instante que tenía
el rostro cortado por palabras.
(*)Otro título posible: Urticaria
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