Chema Ysmer
Poeta que considera el portal su segunda casa
Escribo, con el único propósito de iluminar la noche,
escribo, para hacer más reales los caminos que nos llevan,
escribo, no con la intención de llenar estanterías
que se cubrirán de polvo, ni con el deseo fútil
de guardar mis palabras en cajas fuertes
como si fueran tesoros.
Escribo, para agitar las banderas
hasta que el sol las desdibuje
y el viento las raje en tiras de letras,
para tender, en cuerdas de un tiempo advenedizo
esa ropa interior que somos ahora y todos la vean.
Escribo, para no dar voces a gritos,
para no agitar el silencio que ahora descansa
en interiores de almohada, sobre la que apoyo la cabeza.
Escribo y mis palabras, son el código genético
de cada una de las piedras que llevo en los bolsillos;
según avanzo, las arrojo al suelo,
siento la ligereza de mis pasos,
la huella menos profunda sobre los barros de la vida,
sonrío;
escribo, por el afán de sonreír y no dar nada por perdido.
escribo, para hacer más reales los caminos que nos llevan,
escribo, no con la intención de llenar estanterías
que se cubrirán de polvo, ni con el deseo fútil
de guardar mis palabras en cajas fuertes
como si fueran tesoros.
Escribo, para agitar las banderas
hasta que el sol las desdibuje
y el viento las raje en tiras de letras,
para tender, en cuerdas de un tiempo advenedizo
esa ropa interior que somos ahora y todos la vean.
Escribo, para no dar voces a gritos,
para no agitar el silencio que ahora descansa
en interiores de almohada, sobre la que apoyo la cabeza.
Escribo y mis palabras, son el código genético
de cada una de las piedras que llevo en los bolsillos;
según avanzo, las arrojo al suelo,
siento la ligereza de mis pasos,
la huella menos profunda sobre los barros de la vida,
sonrío;
escribo, por el afán de sonreír y no dar nada por perdido.