Starsev Ionich
Poeta asiduo al portal
No hay luces en las cárceles
llenas de hombres curtiéndose
como un billete desgastado,
ni ropa colgando
como la mancha de un barrio
mísero en la periferia.
No hay niños en los semáforos
bajo el efecto narcotizador de un antiepiléptico.
Ni padres de alquiler lucrándose
y haciendo cuotas directo al pase del sufrimiento.
No hay tejas gratis, ni fiestas de tamales,
ni hombres en fila con un bono,
vendiéndose al poder de pocos,
sentenciando la perdición de sus hijos.
No hay primero, ni tercer mundo,
solo un mundo en función de la necesidad del otro,
anteponiendo su disfrute a los más necesitados.
¿Dónde están todas las injusticias en este mundo utópico?
Que no aparezcan como un lunar rojo
en medio de la indiferencia de la multitud,
mientras se deleita con el revés de los afortunados…
Presiento que están detrás del telón,
planeando un nuevo capítulo
en esta novela distópica
y su trama con tintes de paz agobiante.
llenas de hombres curtiéndose
como un billete desgastado,
ni ropa colgando
como la mancha de un barrio
mísero en la periferia.
No hay niños en los semáforos
bajo el efecto narcotizador de un antiepiléptico.
Ni padres de alquiler lucrándose
y haciendo cuotas directo al pase del sufrimiento.
No hay tejas gratis, ni fiestas de tamales,
ni hombres en fila con un bono,
vendiéndose al poder de pocos,
sentenciando la perdición de sus hijos.
No hay primero, ni tercer mundo,
solo un mundo en función de la necesidad del otro,
anteponiendo su disfrute a los más necesitados.
¿Dónde están todas las injusticias en este mundo utópico?
Que no aparezcan como un lunar rojo
en medio de la indiferencia de la multitud,
mientras se deleita con el revés de los afortunados…
Presiento que están detrás del telón,
planeando un nuevo capítulo
en esta novela distópica
y su trama con tintes de paz agobiante.