Jorge Salvador
Poeta adicto al portal
Esta puta vida loca me tomó por su enemigo
y me tiene acongojado de hace un tiempo hasta la fecha;
además de ser yo mismo, si esto no es ya buen castigo,
gozo de una esposa nunca de lo que haga satisfecha.
Sobrevivo hipotecado a la rapiña de un banquero
y a la impúdica asesina lengua rota de una suegra;
como todo ciudadano colaboro con dinero
para el buen mantenimiento del corrupto pata negra.
Voto siempre a la derecha si la izquierda lo permite,
oposito en Telecinco para friki o tertuliano;
no hay gobierno que por mucho que se esfuerce ya me irrite,
cada cual que escoja el lodo en donde ser un buen gusano.
Tengo un par de bares cerca, sed perenne de cerveza
y un prodigio entre las piernas del que abuso en solitario;
del jamón me como incluso la osamenta y la corteza,
tengo un hijo drogadicto y otro dentro del armario.
Con la gente siempre intento parecer y ser persona,
pero más me lo proponga más fracaso en el intento;
se me da como a ninguno no acertar, pintar la mona
y perder ante dos senos mi ningún conocimiento.
Hasta aquí cuanto era digno y era indigno de ser dicho,
de epitafio que estos versos se reciten en mi entierro;
que a los lomos de mis deudos mi mortaja llegue al nicho
y el notario cuanto deje ponga a nombre de mi perro...
y me tiene acongojado de hace un tiempo hasta la fecha;
además de ser yo mismo, si esto no es ya buen castigo,
gozo de una esposa nunca de lo que haga satisfecha.
Sobrevivo hipotecado a la rapiña de un banquero
y a la impúdica asesina lengua rota de una suegra;
como todo ciudadano colaboro con dinero
para el buen mantenimiento del corrupto pata negra.
Voto siempre a la derecha si la izquierda lo permite,
oposito en Telecinco para friki o tertuliano;
no hay gobierno que por mucho que se esfuerce ya me irrite,
cada cual que escoja el lodo en donde ser un buen gusano.
Tengo un par de bares cerca, sed perenne de cerveza
y un prodigio entre las piernas del que abuso en solitario;
del jamón me como incluso la osamenta y la corteza,
tengo un hijo drogadicto y otro dentro del armario.
Con la gente siempre intento parecer y ser persona,
pero más me lo proponga más fracaso en el intento;
se me da como a ninguno no acertar, pintar la mona
y perder ante dos senos mi ningún conocimiento.
Hasta aquí cuanto era digno y era indigno de ser dicho,
de epitafio que estos versos se reciten en mi entierro;
que a los lomos de mis deudos mi mortaja llegue al nicho
y el notario cuanto deje ponga a nombre de mi perro...
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