calvared
Poeta veterano y reconocido en el portal.
Un niño escribe su historia
sobre la arena, en la playa,
al lado un perro dormita
oliendo el frescor del agua.
Las olas traen recuerdos
salados de aguas de plata
que vuelcan sobre la orilla
y dejan cuando se marchan.
Una sombrilla cobija
un viejo, sobre una hamaca
que va dejando vivencias
de aquellas glorias pasadas.
Caen sus cuentos lejanos
como quimeras ajadas
que nacen de las arrugas
de su cara bronceada.
El perro ha abierto los ojos
y el niño cava la playa,
las olas siguen viniendo
cargadas de espumas blancas.
Una figura de bronce
sueña, sobre una toalla,
que los arrullos marinos
son los suspiros del alma.
Mira a aquel niño que juega
con el rastrillo y la pala
y rae los rayos de sol
echándose cremas blancas.
Queda una estela caliente
cuando las horas se marchan
y que, quemando la tarde,
apagan ratos de playa.
El niño coge el rastrillo,
también el cubo y la pala
y el perro, que abre los ojos,
se despereza y levanta.
Se van los cuentos pasados
con la sombrilla plegada
y la figura de bronce
recoge ya su toalla.
Se queda, con las estrellas,
la soledad de las aguas
rota de amores furtivos
que se besan en la playa.
sobre la arena, en la playa,
al lado un perro dormita
oliendo el frescor del agua.
Las olas traen recuerdos
salados de aguas de plata
que vuelcan sobre la orilla
y dejan cuando se marchan.
Una sombrilla cobija
un viejo, sobre una hamaca
que va dejando vivencias
de aquellas glorias pasadas.
Caen sus cuentos lejanos
como quimeras ajadas
que nacen de las arrugas
de su cara bronceada.
El perro ha abierto los ojos
y el niño cava la playa,
las olas siguen viniendo
cargadas de espumas blancas.
Una figura de bronce
sueña, sobre una toalla,
que los arrullos marinos
son los suspiros del alma.
Mira a aquel niño que juega
con el rastrillo y la pala
y rae los rayos de sol
echándose cremas blancas.
Queda una estela caliente
cuando las horas se marchan
y que, quemando la tarde,
apagan ratos de playa.
El niño coge el rastrillo,
también el cubo y la pala
y el perro, que abre los ojos,
se despereza y levanta.
Se van los cuentos pasados
con la sombrilla plegada
y la figura de bronce
recoge ya su toalla.
Se queda, con las estrellas,
la soledad de las aguas
rota de amores furtivos
que se besan en la playa.