• Nuevo Hazte Mecenas sin publicidad, blog propio, y apoya la poesía en español. Mi Libro de Poesía · Métrica Española (beta)

Estela

Princesa ciega

Respicere
Sobre mis libros, sobre mi ropa, incluso sobre mi misma se impuso tu aroma. Terminé de asumir ese día que tu pedantería y tu innegable capacidad para acaparar la atención te son condiciones intrínsecas: un asunto de génesis que se hacía presente incluso en lo que dejas esparcido por ahí sin darte cuenta.

¡Es que era inverosímil!
No podía entender cómo unos cuantos objetos podían condensar tal olor, casi como si te hubiesen exprimido hasta volverte zumo para luego rociarte en todas tus cosas.
No fui capaz de que mi pituitaria amarilla alcanzara a percibir nada más, ni el olor a hospital, o a desinfectante de piso, o a ancianos mal atendidos quienes abundaban tristemente en la sala de espera.

Eras sólo tú.
Tu por todos lados sin estar en ninguno.

Ese aroma intenso a eso, a lo que huelen tus manos, como si estuviesen horneadas con leche, a la ternura que emanan los bebés, a ese aroma inmensamente agradable y tan insoportable al mismo tiempo por lo ajeno, por lo invasivo, por como se superponía al aroma de mi piel, a la fuerza de mis pensamientos trayendo consigo la desgracia de no dejarme leer en paz.

Un arma de saboteo.

No me sorprendió para nada que la parte fascista de mi, con suspicacia burlona me cuestionra con que esto era síntoma de otra cosa. Y no supe si respirarte era un malestar o una tropiezo con el cielo; Y no pude hacer nada más.

Basta con no revolver demasiado tus cosas - pensé, ingenua - para mantener oculto tu aroma y así olvidarte y olvidarme, olvidarnos por un momento más
 
Sobre mis libros, sobre mi ropa, incluso sobre mi misma se impuso tu aroma. Terminé de asumir ese día que tu pedantería y tu innegable capacidad para acaparar la atención te son condiciones intrínsecas: un asunto de génesis que se hacía presente incluso en lo que dejas esparcido por ahí sin darte cuenta.

¡Es que era inverosímil!
No podía entender cómo unos cuantos objetos podían condensar tal olor, casi como si te hubiesen exprimido hasta volverte zumo para luego rociarte en todas tus cosas.
No fui capaz de que mi pituitaria amarilla alcanzara a percibir nada más, ni el olor a hospital, o a desinfectante de piso, o a ancianos mal atendidos quienes abundaban tristemente en la sala de espera.

Eras sólo tú.
Tu por todos lados sin estar en ninguno.

Ese aroma intenso a eso, a lo que huelen tus manos, como si estuviesen horneadas con leche, a la ternura que emanan los bebés, a ese aroma inmensamente agradable y tan insoportable al mismo tiempo por lo ajeno, por lo invasivo, por como se superponía al aroma de mi piel, a la fuerza de mis pensamientos trayendo consigo la desgracia de no dejarme leer en paz.

Un arma de saboteo.

No me sorprendió para nada que la parte fascista de mi, con suspicacia burlona me cuestionra con que esto era síntoma de otra cosa. Y no supe si respirarte era un malestar o una tropiezo con el cielo; Y no pude hacer nada más.

Basta con no revolver demasiado tus cosas - pensé, ingenua - para mantener oculto tu aroma y así olvidarte y olvidarme, olvidarnos por un momento más
Me encantó a pesar del clima, recibe mi afecto infinito bonita Princesa.
 
Un bello escrito, felicitaciones Princesa

Uhmmm sabes esta circunstacia me recuerda una conversacion que yace en un libro que no termino de escribir, la frace es esta:

"Hay un refran que dice que cuando estamos solos , nuestro corazón busca reflejar en todas las cosas a nuestro alrededor, tan siquiera una pequeña característica del ser al que odiamos o amamos, sabiendo que no podemos olvidarlo."

Y como veras creo que se aplica fielmente a la historia de tu escrito :)

Te dejo un link para que me visites
http://www.mundopoesia.com/foros/te...cuento-parte-i-la-espera.338178/#post-3307971

Saludos cordiales. Jaherus
 
Sobre mis libros, sobre mi ropa, incluso sobre mi misma se impuso tu aroma. Terminé de asumir ese día que tu pedantería y tu innegable capacidad para acaparar la atención te son condiciones intrínsecas: un asunto de génesis que se hacía presente incluso en lo que dejas esparcido por ahí sin darte cuenta.

¡Es que era inverosímil!
No podía entender cómo unos cuantos objetos podían condensar tal olor, casi como si te hubiesen exprimido hasta volverte zumo para luego rociarte en todas tus cosas.
No fui capaz de que mi pituitaria amarilla alcanzara a percibir nada más, ni el olor a hospital, o a desinfectante de piso, o a ancianos mal atendidos quienes abundaban tristemente en la sala de espera.

Eras sólo tú.
Tu por todos lados sin estar en ninguno.

Ese aroma intenso a eso, a lo que huelen tus manos, como si estuviesen horneadas con leche, a la ternura que emanan los bebés, a ese aroma inmensamente agradable y tan insoportable al mismo tiempo por lo ajeno, por lo invasivo, por como se superponía al aroma de mi piel, a la fuerza de mis pensamientos trayendo consigo la desgracia de no dejarme leer en paz.

Un arma de saboteo.

No me sorprendió para nada que la parte fascista de mi, con suspicacia burlona me cuestionra con que esto era síntoma de otra cosa. Y no supe si respirarte era un malestar o una tropiezo con el cielo; Y no pude hacer nada más.

Basta con no revolver demasiado tus cosas - pensé, ingenua - para mantener oculto tu aroma y así olvidarte y olvidarme, olvidarnos por un momento más


Sea odio y amor siempre hay sugerencias..., quizas aromas que
nos recuerdan las experiencias vividas. a nuestro alredor las
cosas no lo muestran o por lo menos nos lo recrean.
es inevitable. excelente. saludos de luzyabsenta
 
Sobre mis libros, sobre mi ropa, incluso sobre mi misma se impuso tu aroma. Terminé de asumir ese día que tu pedantería y tu innegable capacidad para acaparar la atención te son condiciones intrínsecas: un asunto de génesis que se hacía presente incluso en lo que dejas esparcido por ahí sin darte cuenta.

¡Es que era inverosímil!
No podía entender cómo unos cuantos objetos podían condensar tal olor, casi como si te hubiesen exprimido hasta volverte zumo para luego rociarte en todas tus cosas.
No fui capaz de que mi pituitaria amarilla alcanzara a percibir nada más, ni el olor a hospital, o a desinfectante de piso, o a ancianos mal atendidos quienes abundaban tristemente en la sala de espera.

Eras sólo tú.
Tu por todos lados sin estar en ninguno.

Ese aroma intenso a eso, a lo que huelen tus manos, como si estuviesen horneadas con leche, a la ternura que emanan los bebés, a ese aroma inmensamente agradable y tan insoportable al mismo tiempo por lo ajeno, por lo invasivo, por como se superponía al aroma de mi piel, a la fuerza de mis pensamientos trayendo consigo la desgracia de no dejarme leer en paz.

Un arma de saboteo.

No me sorprendió para nada que la parte fascista de mi, con suspicacia burlona me cuestionra con que esto era síntoma de otra cosa. Y no supe si respirarte era un malestar o una tropiezo con el cielo; Y no pude hacer nada más.

Basta con no revolver demasiado tus cosas - pensé, ingenua - para mantener oculto tu aroma y así olvidarte y olvidarme, olvidarnos por un momento más
Profundo y relista maravilloso, escrito con tinta de sangre de recuerdo y alma. Que vivencias plasmas tan profundas, y ese olor que sabe a vida y existir en esperiencias humanas. Un placer leerte amiga Poetisa Princesa Ciega. Un abrazo
 
Sobre mis libros, sobre mi ropa, incluso sobre mi misma se impuso tu aroma. Terminé de asumir ese día que tu pedantería y tu innegable capacidad para acaparar la atención te son condiciones intrínsecas: un asunto de génesis que se hacía presente incluso en lo que dejas esparcido por ahí sin darte cuenta.

¡Es que era inverosímil!
No podía entender cómo unos cuantos objetos podían condensar tal olor, casi como si te hubiesen exprimido hasta volverte zumo para luego rociarte en todas tus cosas.
No fui capaz de que mi pituitaria amarilla alcanzara a percibir nada más, ni el olor a hospital, o a desinfectante de piso, o a ancianos mal atendidos quienes abundaban tristemente en la sala de espera.

Eras sólo tú.
Tu por todos lados sin estar en ninguno.

Ese aroma intenso a eso, a lo que huelen tus manos, como si estuviesen horneadas con leche, a la ternura que emanan los bebés, a ese aroma inmensamente agradable y tan insoportable al mismo tiempo por lo ajeno, por lo invasivo, por como se superponía al aroma de mi piel, a la fuerza de mis pensamientos trayendo consigo la desgracia de no dejarme leer en paz.

Un arma de saboteo.

No me sorprendió para nada que la parte fascista de mi, con suspicacia burlona me cuestionra con que esto era síntoma de otra cosa. Y no supe si respirarte era un malestar o una tropiezo con el cielo; Y no pude hacer nada más.

Basta con no revolver demasiado tus cosas - pensé, ingenua - para mantener oculto tu aroma y así olvidarte y olvidarme, olvidarnos por un momento más

Me encantó el tema que abordas y lo bien escrito que está el poema-prosa. Lxs venezolanxs, cuando nos empeñamos, hacemos las cosas BIEN. Te aplaudo.

Ah, imágenes, olores, sonidos... todo se nos encierra necio y terco en el adentro, negado a irse, cuando nos intoxicamos de alguien. Pero el tiempo y nuestra fuerza de voluntad terminan imponiéndose. Supongo que lo sabes bien. T

Te saludo, princesa venezolana.
 
Sobre mis libros, sobre mi ropa, incluso sobre mi misma se impuso tu aroma. Terminé de asumir ese día que tu pedantería y tu innegable capacidad para acaparar la atención te son condiciones intrínsecas: un asunto de génesis que se hacía presente incluso en lo que dejas esparcido por ahí sin darte cuenta.

¡Es que era inverosímil!
No podía entender cómo unos cuantos objetos podían condensar tal olor, casi como si te hubiesen exprimido hasta volverte zumo para luego rociarte en todas tus cosas.
No fui capaz de que mi pituitaria amarilla alcanzara a percibir nada más, ni el olor a hospital, o a desinfectante de piso, o a ancianos mal atendidos quienes abundaban tristemente en la sala de espera.

Eras sólo tú.
Tu por todos lados sin estar en ninguno.

Ese aroma intenso a eso, a lo que huelen tus manos, como si estuviesen horneadas con leche, a la ternura que emanan los bebés, a ese aroma inmensamente agradable y tan insoportable al mismo tiempo por lo ajeno, por lo invasivo, por como se superponía al aroma de mi piel, a la fuerza de mis pensamientos trayendo consigo la desgracia de no dejarme leer en paz.

Un arma de saboteo.

No me sorprendió para nada que la parte fascista de mi, con suspicacia burlona me cuestionra con que esto era síntoma de otra cosa. Y no supe si respirarte era un malestar o una tropiezo con el cielo; Y no pude hacer nada más.

Basta con no revolver demasiado tus cosas - pensé, ingenua - para mantener oculto tu aroma y así olvidarte y olvidarme, olvidarnos por un momento más

Genial, amiga. ¿Dónde te vas?
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo de nuestros Mecenas.

✦ Hazte Mecenas

Sin publicidad · Blog propio · Apoya la poesía en español

Atrás
Arriba