Elisalle
Poetisa
ESTO DE EXTRAÑAR
Es triste esto de extrañar. Se detienen los fluidos y algo hace gorgoritos en las venas hasta interrumpir el paso de todo, se seca. Desde la almohada escapan los ojos hacia los árboles, atraviesan los vidrios de la ventana y se quedan eternos en su follaje, con ellos el cuerpo entero también huye desafiando la gravedad y sobre el espíritu vegetal, una rama se transforma en teléfono que llama, no hay voz para responder porque tampoco se puede alcanzar en su rotativo movimiento. Silencio dejó de sonar.
Es triste esto de extrañar y hasta los libros amontonados sobre la cama parece que comprendieran, con ojos de papel intentan preguntar: ¿En qué podemos ayudar? y como no hay sangre dando vida es imposible contestar.
Llega el desvanecimiento de tanto extrañar y de este tiempo no se sabe más, algo de uno está en un lugar distinto con alguien que ha sido conocido alguna vez, viste túnica marfil, toma la mano como diciendo: Tranquila, todo está bien, hay una paz etérea que entrega su sonrisa al momento que te viste igual que él, del mismo asimétrico ropaje y una corona pone sobre la cabeza, no se sabe de qué pero es agradable, ya no se extraña a nadie. De pronto recuerdas tus dolores, dices con vergüenza que no puedes ir Y de nuevo su palabra que no se escucha, no es humano, va directo al alma y repite: No temas, sigo aquí.
La aurora despierta, todo está igual, llenito de soledad y no hay túnica marfil ni corona que haga olvidar, menos ese alguien que entregó tanta paz no sé si por segundos, por milenios o eternidades, solo está el viejo pijama del color de siempre, vuelves a extrañar, no hay lágrimas porque los ojos nuevamente se han escapado por la ventana
Margarita
20/05/2013
Todos los derechos Reservados.
Prohibida su reproducción parcial
y/o total por cualquier medio
@
Propiedad Intectual <propiedad.intelectual@dibam.
Es triste esto de extrañar. Se detienen los fluidos y algo hace gorgoritos en las venas hasta interrumpir el paso de todo, se seca. Desde la almohada escapan los ojos hacia los árboles, atraviesan los vidrios de la ventana y se quedan eternos en su follaje, con ellos el cuerpo entero también huye desafiando la gravedad y sobre el espíritu vegetal, una rama se transforma en teléfono que llama, no hay voz para responder porque tampoco se puede alcanzar en su rotativo movimiento. Silencio dejó de sonar.
Es triste esto de extrañar y hasta los libros amontonados sobre la cama parece que comprendieran, con ojos de papel intentan preguntar: ¿En qué podemos ayudar? y como no hay sangre dando vida es imposible contestar.
Llega el desvanecimiento de tanto extrañar y de este tiempo no se sabe más, algo de uno está en un lugar distinto con alguien que ha sido conocido alguna vez, viste túnica marfil, toma la mano como diciendo: Tranquila, todo está bien, hay una paz etérea que entrega su sonrisa al momento que te viste igual que él, del mismo asimétrico ropaje y una corona pone sobre la cabeza, no se sabe de qué pero es agradable, ya no se extraña a nadie. De pronto recuerdas tus dolores, dices con vergüenza que no puedes ir Y de nuevo su palabra que no se escucha, no es humano, va directo al alma y repite: No temas, sigo aquí.
La aurora despierta, todo está igual, llenito de soledad y no hay túnica marfil ni corona que haga olvidar, menos ese alguien que entregó tanta paz no sé si por segundos, por milenios o eternidades, solo está el viejo pijama del color de siempre, vuelves a extrañar, no hay lágrimas porque los ojos nuevamente se han escapado por la ventana
Margarita
20/05/2013
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