Mi lecho
grita.
Quiere dejar de ser mío
y
ser nuestro.
Quiere acariciarte
como lo he hecho tantas veces,
en mi mente.
grita.
Quiere dejar de ser mío
y
ser nuestro.
Quiere acariciarte
como lo he hecho tantas veces,
en mi mente.
Cada abrazo que escupen mis neuronas
es una inyección de frialdad,
porque son abrazos a los sueños,
no a ti.
Duelen, y no deberían.
Duelen porque sé que no son reales,
porque sé que no los tengo,
porque sé que no te conozco aún.
Y si te conozco,
¿por qué merezco verte
y no darme cuenta que eres tú?
¿Cuando pequé tanto
para vivir ya en el infierno,
que no está lleno de llamas,
sino de nieve?
Dime, ¿por qué?
¿Por qué no has venido
al sitio que llamo hogar
pero que se siente ajeno?
Me obligas a querer sin tenerte.
Y mis ríos gritan,
porque se sienten claustrofóbicos,
con ganas de salir de sus caudalaes,
desbordándoese en un apretón de manos
acompañado con una sonrisa,
falsa,
que sostiene los ríos.
en que te espero en mi cama
y que mi cama puede volverse mi tumba
y la espera sigue sin terminar!
Esto no es un poema de amor.
Es un poema escrito con lágrimas
de un corazón herido por sí mismo,
porque se siente inútil por no encontrar
una razón para latir.
Esto no es un poema de amor.
Es una épica llena de monstruos,
que se vuelven protagonistas
y vencen, por fin, al héroe.
Y el héroe los esconde,
como si eso fuera la solución.
¡Como si fuera su sangre el veneno
que lo mata a sí mismo,
pero que tanto necesita
para sentirse héroe!
Lo que no se da cuenta,
es que es solo humano.
Es un poema escrito con lágrimas
de un corazón herido por sí mismo,
porque se siente inútil por no encontrar
una razón para latir.
Esto no es un poema de amor.
Es una épica llena de monstruos,
que se vuelven protagonistas
y vencen, por fin, al héroe.
Y el héroe los esconde,
como si eso fuera la solución.
¡Como si fuera su sangre el veneno
que lo mata a sí mismo,
pero que tanto necesita
para sentirse héroe!
Lo que no se da cuenta,
es que es solo humano.