Martín Renán
Poeta adicto al portal
Siquiera,
pellizcarme otra vez, mientras,
el rostro del día
pueda mudar de piel;
y, sin embargo,
viene y llega,
el momento de estar peor que otro
en lo absurdo
del espejo.
Desde el cielo imaginario está de harapos este disfraz maldito.
Por lejos, me atrevo, y sobrevivo
de barro y cemento;
apenas, como ofrenda
en la multitud
nadie vio escondido
mi evangelio
como sombra que existe en la noche.
Años
en la memoria,
el hallazgo no fue otra cosa que cenizas,
donde extinto
también
doy un paso al costado.
pellizcarme otra vez, mientras,
el rostro del día
pueda mudar de piel;
y, sin embargo,
viene y llega,
el momento de estar peor que otro
en lo absurdo
del espejo.
Desde el cielo imaginario está de harapos este disfraz maldito.
Por lejos, me atrevo, y sobrevivo
de barro y cemento;
apenas, como ofrenda
en la multitud
nadie vio escondido
mi evangelio
como sombra que existe en la noche.
Años
en la memoria,
el hallazgo no fue otra cosa que cenizas,
donde extinto
también
doy un paso al costado.