Melquiades San Juan
Poeta veterano en MP
Simone de Beauvoir.
Para quienes fueron a las escuelas de educación superior durante la segunda mitad del siglo XX es fácil recordar la poderosa influencia que esta corriente de pensamiento ejerció sobre la juventud de aquella época. Sartre y Simone de Beauvoir trastocaron con sus historias personales la forma de concebir una relación de pareja, que contrastaba tanto con el modelo convencional inducido por las generaciones anteriores. En sus cartas ella le confesaba las relaciones íntimas con amigos o amantes ocasionales, él las leía y respondía con felicitaciones a su compañera. Una idea poderosa surgía entre ambos: la no pertenencia mutua más allá de las que el afecto originaba. Eso en el aspecto de la relación. Otro de los aspectos tratados por esa generación con influencia del existencialismo fue el repudio a la idea de que la mujer no debía disfrutar del sexo. Que la virginidad era el más alto valor que una mujer poseía y que éste era un trofeo u ofrenda que la mujer entregaría a su marido el día de la boda. Una vez perdido ésta, la mujer nada valía, y eran estas las objeciones que se le presentaban al hombre por parte de sus padres y de la sociedad cuando pretendía casarse con una viuda o una divorciada. Eran mujeres que ya habían sido “usadas “por otro.
El caso de las madres solteras era todavía más terrible que el de las divorciadas o viudas, de aquellas se podía decir que eran mujeres que el infortunio (en el caso de las viudas) le había arrebatado al hombre al que pertenecía; Cabía la posibilidad, en el caso de las divorciadas de considerar, su estado llamado civil, de divorciada a librarse de una relación peligrosa para su vida, cuestión que atenuaba un poco las consideraciones que se tenían establecidas sobre una mujer divorciada. Era inconcebible pensar en la posibilidad de que la mujer decidiera que se divorciaba porque no le satisfacía la relación, o porque no le gustaba el papel que desempeñaba como “casada”. Era impensable que se viera con buenos ojos a una mujer que se divorciaba por enamorarse de otro, o por no querer a su marido.
Las madres solteras eran mujeres cuya maternidad funcionaba como una marca, como la de Caín: maldita. Una madre soltera era una mujer caliente y fácil que se había atrevido a entregar su virginidad a un desconocido, talvez a un hombre casado, o a un x hombre que la preñó y del que jamás volvió a saber. Para el hombre, por aquellos tiempos, le era muy criticado casarse con una mujer así.
El papel que se atribuía a las divorciadas, madres solteras, y a las viudas, que no se conducían de acuerdo al modelo que la sociedad había determinado para ellas, mostrándose en público con un pretendiente o invitándolo a su casa sin testigos, era el de amantes, concubinas o “prostitutas” en potencia. Negaba pues la cualidad humana de las mujeres y todos sus derechos.
Las labores domésticas, el papel de matriz de la humanidad, la incapacidad de pensar o de tener ideas, de filosofar. De pensar más allá de cuestiones religiosas.
La Beauvoir significa para esta época, la crítica más poderosa en contra de esos convencionalismos. Libros, artículos periodísticos y su propia vida, desafían y ridicularizan la moral victoriana hiriéndola de muerte como paradigma sobre el “debe ser femenino” (El Segundo Sexo), su voz a las juventudes finca las bases de una nueva visión de las relaciones, pero sobre todo plantea un nuevo roll de la mujer en la sociedad.
Quienes enmarcan el pensamiento y la obra literaria de Simone de Beauvoir únicamente en el campo del pensamiento feminista se equivocan. Ella y Sartre comparten grandes méritos, filósofos, ensayistas, sobre temas políticos, sociales y filosóficos, que trascendieron a su época, activistas ambos, en las problemáticas del ser humano, en una época en que el filósofo deja su cueva de meditación, o sus ambientes de la academia y se vuelta a las calles, al gran público, a las masas, para compartir sus reflexiones con ellas.
Mujer universal y humana, la obra de la Beauvoir aún espera ser leída por muchos seres humanos, sobre todo por los hombres. Es preciso, es necesario; sobre todo en una sociedad que tiene preguntas que se han diluido en ese extraño pero previsible fango de la indiferencia de sí mismo que prevalece hoy y que, creo, muchos estamos convencidos, no es producto de la casualidad.
Para elaborar esta breve síntesis nos auxiliamos de la Wikipedia.
http://es.wikipedia.org/wiki/Simone_de_Beauvoir
y algunos videos disponibles en youtube
El libro El Segundo Sexo se puede leer en esta liga:
http://users.dsic.upv.es/~pperis/El segundo sexo.pdf
[video=youtube;tb0LONwpB2w]https://www.youtube.com/watch?v=tb0LONwpB2w[/video]
Para quienes fueron a las escuelas de educación superior durante la segunda mitad del siglo XX es fácil recordar la poderosa influencia que esta corriente de pensamiento ejerció sobre la juventud de aquella época. Sartre y Simone de Beauvoir trastocaron con sus historias personales la forma de concebir una relación de pareja, que contrastaba tanto con el modelo convencional inducido por las generaciones anteriores. En sus cartas ella le confesaba las relaciones íntimas con amigos o amantes ocasionales, él las leía y respondía con felicitaciones a su compañera. Una idea poderosa surgía entre ambos: la no pertenencia mutua más allá de las que el afecto originaba. Eso en el aspecto de la relación. Otro de los aspectos tratados por esa generación con influencia del existencialismo fue el repudio a la idea de que la mujer no debía disfrutar del sexo. Que la virginidad era el más alto valor que una mujer poseía y que éste era un trofeo u ofrenda que la mujer entregaría a su marido el día de la boda. Una vez perdido ésta, la mujer nada valía, y eran estas las objeciones que se le presentaban al hombre por parte de sus padres y de la sociedad cuando pretendía casarse con una viuda o una divorciada. Eran mujeres que ya habían sido “usadas “por otro.
El caso de las madres solteras era todavía más terrible que el de las divorciadas o viudas, de aquellas se podía decir que eran mujeres que el infortunio (en el caso de las viudas) le había arrebatado al hombre al que pertenecía; Cabía la posibilidad, en el caso de las divorciadas de considerar, su estado llamado civil, de divorciada a librarse de una relación peligrosa para su vida, cuestión que atenuaba un poco las consideraciones que se tenían establecidas sobre una mujer divorciada. Era inconcebible pensar en la posibilidad de que la mujer decidiera que se divorciaba porque no le satisfacía la relación, o porque no le gustaba el papel que desempeñaba como “casada”. Era impensable que se viera con buenos ojos a una mujer que se divorciaba por enamorarse de otro, o por no querer a su marido.
Las madres solteras eran mujeres cuya maternidad funcionaba como una marca, como la de Caín: maldita. Una madre soltera era una mujer caliente y fácil que se había atrevido a entregar su virginidad a un desconocido, talvez a un hombre casado, o a un x hombre que la preñó y del que jamás volvió a saber. Para el hombre, por aquellos tiempos, le era muy criticado casarse con una mujer así.
El papel que se atribuía a las divorciadas, madres solteras, y a las viudas, que no se conducían de acuerdo al modelo que la sociedad había determinado para ellas, mostrándose en público con un pretendiente o invitándolo a su casa sin testigos, era el de amantes, concubinas o “prostitutas” en potencia. Negaba pues la cualidad humana de las mujeres y todos sus derechos.
Las labores domésticas, el papel de matriz de la humanidad, la incapacidad de pensar o de tener ideas, de filosofar. De pensar más allá de cuestiones religiosas.
La Beauvoir significa para esta época, la crítica más poderosa en contra de esos convencionalismos. Libros, artículos periodísticos y su propia vida, desafían y ridicularizan la moral victoriana hiriéndola de muerte como paradigma sobre el “debe ser femenino” (El Segundo Sexo), su voz a las juventudes finca las bases de una nueva visión de las relaciones, pero sobre todo plantea un nuevo roll de la mujer en la sociedad.
Quienes enmarcan el pensamiento y la obra literaria de Simone de Beauvoir únicamente en el campo del pensamiento feminista se equivocan. Ella y Sartre comparten grandes méritos, filósofos, ensayistas, sobre temas políticos, sociales y filosóficos, que trascendieron a su época, activistas ambos, en las problemáticas del ser humano, en una época en que el filósofo deja su cueva de meditación, o sus ambientes de la academia y se vuelta a las calles, al gran público, a las masas, para compartir sus reflexiones con ellas.
Mujer universal y humana, la obra de la Beauvoir aún espera ser leída por muchos seres humanos, sobre todo por los hombres. Es preciso, es necesario; sobre todo en una sociedad que tiene preguntas que se han diluido en ese extraño pero previsible fango de la indiferencia de sí mismo que prevalece hoy y que, creo, muchos estamos convencidos, no es producto de la casualidad.
Para elaborar esta breve síntesis nos auxiliamos de la Wikipedia.
http://es.wikipedia.org/wiki/Simone_de_Beauvoir
y algunos videos disponibles en youtube
El libro El Segundo Sexo se puede leer en esta liga:
http://users.dsic.upv.es/~pperis/El segundo sexo.pdf
[video=youtube;tb0LONwpB2w]https://www.youtube.com/watch?v=tb0LONwpB2w[/video]
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