Expediente 33542

humanoide

Poeta fiel al portal
Expediente 33542. (deseo)

Estoy aquí, caminando en medio del desierto, y me siento sola… ¡Completamente sola! Sigo sin rumbo, sin camino, la ardiente arena quema mis pies, unos pies que sangran, que duelen… Mis labios se parten ¡Se revientan! Están secos por falta de agua, y de pasión.
Tus espinas se clavan, me hieren, penetran hasta el alma misma, atraviesan mi carne, mis venas, mis huesos… Mi soledad.
Mi piel se ha secado también, se seca cada vez que le tocas… Y sangra, dejando un rastro con olor a muerte en vida.
¡Mis ojos! ¡Mis bellos ojos! Les haz cegado con los tuyos, cada vez que me miras… Y estoy perdida, imposibilitada de ver más allá de mi propia desesperación.
Busco un oasis… Uno que permita reposar a mi cuerpo cansado, que apague este maldito calor infernal interno que me quema, y me consume… ¡No quiero acabar así!, Como esos esqueletos… ¿Victimas de tiempos pasados?... ¡No quiero!, No quiero terminar sola en el desierto devorada por los buitres ¡Esos malditos! ¡Los carroñeros! Que se mofan de mi suerte mientras sacian sus pútridos estómagos con mi carne, con mis huesos, con mi sangre, pero… Es inevitable… Acabaré sola, seré devorada… Luego huesos... Luego polvo… Luego ¡Nada!
 
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Expediente 33542. (deseo)

Estoy aquí, caminando en medio del desierto, y me siento sola… ¡Completamente sola! Sigo sin rumbo, sin camino, la ardiente arena quema mis pies, unos pies que sangran, que duelen… Mis labios se parten ¡Se revientan! Están secos por falta de agua, y de pasión.
Tus espinas se clavan, me hieren, penetran hasta el alma misma, atraviesan mi carne, mis venas, mis huesos… Mi soledad.
Mi piel se ha secado también, se seca cada vez que le tocas… Y sangra, dejando un rastro con olor a muerte en vida.
¡Mis ojos! ¡Mis bellos ojos! Les haz cegado con los tuyos, cada vez que me miras… Y estoy perdida, imposibilitada de ver más allá de mi propia desesperación.
Busco un oasis… Uno que permita reposar a mi cuerpo cansado, que apague este maldito calor infernal interno que me quema, y me consume… ¡No quiero acabar así!, Como esos esqueletos… ¿Victimas de tiempos pasados?... ¡No quiero!, No quiero terminar sola en el desierto devorada por los buitres ¡Esos malditos! ¡Los carroñeros! Que se mofan de mi suerte mientras sacian sus pútridos estómagos con mi carne, con mis huesos, con mi sangre, pero… Es inevitable… Acabaré sola, seré devorada… Luego huesos... Luego polvo… Luego ¡Nada!


Huérfana la palabra del deseo. Sin norte el norte de una caricia, sin la humedad de un beso.
Al acecho, ya clava el carroñero, sus ardientes dientes de la Nada.
Un abrazo y mis estrellas, para esta tu ignorada y poética prosa.
Mikelo
 

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