Fábula VI: El lobo envidiado

Abraham Ferreira Khalil

Poeta recién llegado
Un lobo presumido
valiente y orgulloso
causaba en su manada
admiración y asombro.
Los viejos le temían,
daba ejemplo a los mozos
y las hermosas lobas
le lanzaban piropos.
Tanto creció su fama
en aquel territorio
que fue envidia lobuna
de unos y de otros.

En esto que empezaron
a ver con malos ojos
que causase revuelo
tan arrogante lobo;
así que los más viejos
junto a otros sediciosos
celebraron un cónclave
en un bosque remoto.
“¿Qué hemos de hacer,-decían-,
con este nuevo monstruo?
Pues si le consentimos
que campe a sus antojos,
llevará la desgracia
para todos nosotros”.

“Verdad”,- clamó un anciano-.
“Verdad es que este lobo
tan confiado vive
de su ánimo impetuoso
que un día expulsará
de la manada a todos.
Nos quitará la caza,
el hogar y los gozos
y cual monarca ilustre
le adornarán con oro”.

Oyendo las palabras
del viejo, presurosos
acuden con la nueva
al aclamado lobo.
Al escucharlos este,
apaciguando su odio,
les vuelve las espaldas
y se aleja orgulloso.
Entretanto las lobas
irrumpen en sollozos
y en la manada toda
las contemplan atónitos.
Y contentos los viejos
ante este testimonio
ven que las tristes hembras
los miran con enojo.

Han pasado los meses
y el arrogante lobo
recorre las estepas
cansado, viejo y solo
sin encontrar remedio
a su ayuno forzoso
ni cálido refugio
ni apetecido gozo;
y si antes fue envidiado
ahora es envidioso.

*¿Qué mundo es este, pues,
que igual que nuestro lobo
a un día somos ciento
y al otro nada somos?



© Abraham Ferreira Khalil
 
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