Melquiades San Juan
Poeta veterano en MP
Sobre mi oído izquierdo
suena como tambor mi flujo de la vida
en la noche callada y silenciosa.
Sombras bailan con palidez de cirio
y paciencia de parca desahuciada
por las nuevas leyendas de martirio.
Me estoy volviendo cuerdo
después de mi vida como loco.
La cordura es prisión que vaga errante
por la mar aquietada sin los vientos.
Barca vieja que se deshace
a la primera ventisca de algún norte.
La almohada se ha aburrido
del perezoso beso del cachete
cambia de tela como las víboras
deja cáscaras intoxicándome el cerebro.
Mi locura se arrastra como áspid sobre la arena de lana
se fuga del cuerpo desnudo que fenece
como tren descarrilado tras las lluvias.
¡Oh viejos llantos!
Ese olor a madera perfumaba mis sentidos
se me ofrecía como fresco ataúd
para el fin de los días despiertos.
¡Oh largos besos!
muertas están las llamaradas de nostalgia
muertas en la razón que se extravía cada noche
en mi cama vacía de lujurias.
El Cucú llora allá en la sala,
la Bruja Blanca viene flotando hacia mí
levitando sobre la alfombra de mármol encerado,
trae sus manos con dedos de jeringas.
"Algo me ha denunciado",
algún quejido...,
algún pliegue quebrado
de mis sábanas de un blanco almidonado.
Vendrá el maldito sueño
a llevarme a la barca anclada
en el mar de la inútil e inválida cordura.
suena como tambor mi flujo de la vida
en la noche callada y silenciosa.
Sombras bailan con palidez de cirio
y paciencia de parca desahuciada
por las nuevas leyendas de martirio.
Me estoy volviendo cuerdo
después de mi vida como loco.
La cordura es prisión que vaga errante
por la mar aquietada sin los vientos.
Barca vieja que se deshace
a la primera ventisca de algún norte.
La almohada se ha aburrido
del perezoso beso del cachete
cambia de tela como las víboras
deja cáscaras intoxicándome el cerebro.
Mi locura se arrastra como áspid sobre la arena de lana
se fuga del cuerpo desnudo que fenece
como tren descarrilado tras las lluvias.
¡Oh viejos llantos!
Ese olor a madera perfumaba mis sentidos
se me ofrecía como fresco ataúd
para el fin de los días despiertos.
¡Oh largos besos!
muertas están las llamaradas de nostalgia
muertas en la razón que se extravía cada noche
en mi cama vacía de lujurias.
El Cucú llora allá en la sala,
la Bruja Blanca viene flotando hacia mí
levitando sobre la alfombra de mármol encerado,
trae sus manos con dedos de jeringas.
"Algo me ha denunciado",
algún quejido...,
algún pliegue quebrado
de mis sábanas de un blanco almidonado.
Vendrá el maldito sueño
a llevarme a la barca anclada
en el mar de la inútil e inválida cordura.
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