Jorge Salvador
Poeta adicto al portal
El que más larga la tiene mucho más honda la mete,
los jamones de Guijuelo, las navajas de Albacete
y las buenas intenciones navideñas a la mierda.
Dos mil veinte y su maldita mala leche contagiosa
ya están cerca de poner sus negros pies en polvorosa,
quiera Dios que su relevo venga menos por la “izquierda”.
Panderetas y zambombas, despertemos españoles,
la morralla nos alumbra, por doquiera crecen troles
en la red para infundirnos la molécula del miedo.
Tan doblada nos la meten que al final hasta nos gusta,
luego dicen que era Paco quien gozaba dando fusta,
Navidades dos mil veinte, ¡qué amargura y cuánto enredo!
Ojalá que vuelvan pronto los eméritos reales,
el dinero que robaron, la paciencia, los modales,
el parado a sus labores y el corrupto a las mazmorras.
Dos mil veinte veces muera el intrusismo pernicioso
de este mundo envenenado por el yugo avaricioso
de sanchismos putinianos, chinos locos y otros Torras.
El que más deprisa corre más deprisa nunca llega,
pero más pronto y más fuerte contra el hambre se la pega.
Como buenos ciudadanos, y reunidos en sextetos,
estas fiestas comeremos mortadela de aceitunas,
tras las doce campanadas brindaremos con vacunas
y entraremos al veintiuno cagaditos y bien quietos.
Con los pelos como escarpias, el futuro en bancarrota
y la picha toda tiesa como el basto de la sota,
nos iremos a la cama sin más nada que las ganas
de meter donde nos quepa la ansiedad que nos corroe.
Navidades en las garras de Podemos y el PSOE,
¿tú recuerdas otras antes más gozosas y cristianas?
Ojalá le eche cojones don Felipe en Nochebuena
y en lugar de hablar tontadas, se arremangue la melena,
saque el genio que a sus años, por Borbón, se le supone,
y destierre a estos zanguangos del Congreso a Venezuela.
Ojalá que, aunque en esencia, mi Gertrudis me la pela,
no se entere nunca nadie que a menudo me los pone…
Como no escampe la cosa, cuando lleguen los de Oriente
se han trincado las pandemias hasta su último cliente,
y se van a ver forzados a pedirse la paguita.
Dos mil veinte veces fueron ya a Belén los pastorcillos,
pero nunca un palomino se instaló en sus calzoncillos
como el de este año de gracia socialpijo-podemita…
los jamones de Guijuelo, las navajas de Albacete
y las buenas intenciones navideñas a la mierda.
Dos mil veinte y su maldita mala leche contagiosa
ya están cerca de poner sus negros pies en polvorosa,
quiera Dios que su relevo venga menos por la “izquierda”.
Panderetas y zambombas, despertemos españoles,
la morralla nos alumbra, por doquiera crecen troles
en la red para infundirnos la molécula del miedo.
Tan doblada nos la meten que al final hasta nos gusta,
luego dicen que era Paco quien gozaba dando fusta,
Navidades dos mil veinte, ¡qué amargura y cuánto enredo!
Ojalá que vuelvan pronto los eméritos reales,
el dinero que robaron, la paciencia, los modales,
el parado a sus labores y el corrupto a las mazmorras.
Dos mil veinte veces muera el intrusismo pernicioso
de este mundo envenenado por el yugo avaricioso
de sanchismos putinianos, chinos locos y otros Torras.
El que más deprisa corre más deprisa nunca llega,
pero más pronto y más fuerte contra el hambre se la pega.
Como buenos ciudadanos, y reunidos en sextetos,
estas fiestas comeremos mortadela de aceitunas,
tras las doce campanadas brindaremos con vacunas
y entraremos al veintiuno cagaditos y bien quietos.
Con los pelos como escarpias, el futuro en bancarrota
y la picha toda tiesa como el basto de la sota,
nos iremos a la cama sin más nada que las ganas
de meter donde nos quepa la ansiedad que nos corroe.
Navidades en las garras de Podemos y el PSOE,
¿tú recuerdas otras antes más gozosas y cristianas?
Ojalá le eche cojones don Felipe en Nochebuena
y en lugar de hablar tontadas, se arremangue la melena,
saque el genio que a sus años, por Borbón, se le supone,
y destierre a estos zanguangos del Congreso a Venezuela.
Ojalá que, aunque en esencia, mi Gertrudis me la pela,
no se entere nunca nadie que a menudo me los pone…
Como no escampe la cosa, cuando lleguen los de Oriente
se han trincado las pandemias hasta su último cliente,
y se van a ver forzados a pedirse la paguita.
Dos mil veinte veces fueron ya a Belén los pastorcillos,
pero nunca un palomino se instaló en sus calzoncillos
como el de este año de gracia socialpijo-podemita…
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