Anne_
I killed Bukowski.
Cuando se vaya el sol,
me acariciarán las humaredas,
y entre las humaredas,
-sin sonidos sólidos y preparaciones dominicales-
fibrilaré irresistible, la mudez de todos los vientos.
Niña, que no te venza la piel de madera
ni los cabellos vocales, niña,
que no te ganen las piedras de coco
ni el ancho de las transversales horizontales.
Los padres son el peor enemigo de los hijos,
porque son más grandes, les prohíben las cosas,
y pueden golpearles.
Estuve cegada cuando levantaron la luna
y dijeron que era el nuevo dios,
que se parecía al antiguo,
sólo que ahora nadie podría negarlo.
Ya luego recobré las garras y me afiancé
a agujeros bajo los puentes.
Pronto he de desaveriarme,
lo haré trayendo flores de cian,
otros reflejos de la luz, y hormigas hambrientas de venganza.
Si al final niña, no te devuelven las estiraciones
ni las aventadas contra el seol,
no temas en raparte la cabeza
y caer embalsamada de llanto a la tierra,
y golpear la tierra, y morder la tierra,
y abrazar tu cuerpo secreto y volver a la tierra,
donde no hay luna, ni dios,
ni porque afianzarse a los agujeros bajo los puentes,
sólo ser el alimento
de millones de hormigas
obesas de venganza.
me acariciarán las humaredas,
y entre las humaredas,
-sin sonidos sólidos y preparaciones dominicales-
fibrilaré irresistible, la mudez de todos los vientos.
Niña, que no te venza la piel de madera
ni los cabellos vocales, niña,
que no te ganen las piedras de coco
ni el ancho de las transversales horizontales.
Los padres son el peor enemigo de los hijos,
porque son más grandes, les prohíben las cosas,
y pueden golpearles.
Estuve cegada cuando levantaron la luna
y dijeron que era el nuevo dios,
que se parecía al antiguo,
sólo que ahora nadie podría negarlo.
Ya luego recobré las garras y me afiancé
a agujeros bajo los puentes.
Pronto he de desaveriarme,
lo haré trayendo flores de cian,
otros reflejos de la luz, y hormigas hambrientas de venganza.
Si al final niña, no te devuelven las estiraciones
ni las aventadas contra el seol,
no temas en raparte la cabeza
y caer embalsamada de llanto a la tierra,
y golpear la tierra, y morder la tierra,
y abrazar tu cuerpo secreto y volver a la tierra,
donde no hay luna, ni dios,
ni porque afianzarse a los agujeros bajo los puentes,
sólo ser el alimento
de millones de hormigas
obesas de venganza.