Víctor Ugaz Bermejo
refugio felino
Hoy no te deje un madrugador te amo
sabiendo que eso te causará una sensación,
sabiendo que eso te causará una sensación,
que amenaza con desbordar, te deshoja,
sentirás que es como el último minuto frente al paredón.
Y que pronto vendrán las balas
como insectos en primavera,
a poblar tu cuerpo
como sucede con la pradera.
En esa carrera por quien te llegue primero al alma
aun no has oído lo que esperabas, y lo esperas.
Entonces...
estás atenta a la voz que dirá: ¡¡¡fuego!!!
y a la que mencionará los labios amados.
Los silencios crecen
el frío instante se agiganta,
quijadas relucientes de cañones frente a ti,
vómitos de balas candentes que se alistan.
Tu mirada cautiva y encapuchada,
ni un perfume me delata,
ni mis rastros distingues.
Las armas se alistan y la orden dice:
¡¡¡Carguen!!!
sentirás que es como el último minuto frente al paredón.
Y que pronto vendrán las balas
como insectos en primavera,
a poblar tu cuerpo
como sucede con la pradera.
En esa carrera por quien te llegue primero al alma
aun no has oído lo que esperabas, y lo esperas.
Entonces...
estás atenta a la voz que dirá: ¡¡¡fuego!!!
y a la que mencionará los labios amados.
Los silencios crecen
el frío instante se agiganta,
quijadas relucientes de cañones frente a ti,
vómitos de balas candentes que se alistan.
Tu mirada cautiva y encapuchada,
ni un perfume me delata,
ni mis rastros distingues.
Las armas se alistan y la orden dice:
¡¡¡Carguen!!!
¡¡¡Apunten !!!
Se quiebran los espacios,
Se quiebran los espacios,
la vida te pasa en un solo instante.
Recuerdas que antes de enceguecer tu mirada
había un pelotón de seis balas,
un solo pecho agitado y suspirando
enviando rezos pero no para salvarte la vida,
sino para encargarle a tu amado la última inspiración
Desarrollaron un idioma
una comunicación tan propia de enviarse mensajes;
agitándose a reventar la vida,
corren de prisa a campo traviesa
como nunca jamás lo hicieron.
Recuerdas que antes de enceguecer tu mirada
había un pelotón de seis balas,
un solo pecho agitado y suspirando
enviando rezos pero no para salvarte la vida,
sino para encargarle a tu amado la última inspiración
Desarrollaron un idioma
una comunicación tan propia de enviarse mensajes;
agitándose a reventar la vida,
corren de prisa a campo traviesa
como nunca jamás lo hicieron.
El sonido del metal en rastrillaje
hacen que cierres tus puños,
hacen que cierres tus puños,
pero tu mirada se despierta en oscuridades
tu oración se interrumpe,
siente las bocas amenazantes de los fusiles
y al cruel verdugo que dará la orden,
que por temor, solo mira su propia sombra.
El sol a tus espaldas,
tu ensombrecido mirar no lo advierte;
sólo tus mejillas que sienten la fresca ventisca,
tu silueta en postura gallarda
como lo ha sido tu transitar en esta vida,
sin renunciar ni claudicar.
No hay ruido de grillos, ni las aves festejan el atardecer;
recuerdas la vieja tarde del primer dueto
sientes que el tiempo hace una zanja entre los suspiros,
los fusiles en los brazos del pelotón,
no son violines ni habrá serenata en esta fría tarde.
y ella , con sus cabellos azabaches, sueltos,
que sólo los sujetan la capucha de su mirada.
La orden debe partir en un instante
señalando un final,
alguien se seca el sudor, tiene al sol frente a ellos,
y la voz ronca de quien dará la orden,
ha sido refrescada.
Le han preguntado su último deseo a la víctima,
hidalga no ha bajado la frente, aún con la capucha puesta,
puedo adivinar el brillo de victoria de su dulce mirada.
Un relicario y una imagen se agitan en su pecho,
me detengo ante el muro extendiendo los brazos
entre el paredón, tu cuerpo rendido y la jauría de rifles.
Mi voz se hace proyectil y disparo certero a tu pecho
en un veloz grito del alma razgando al silencio:
tu oración se interrumpe,
siente las bocas amenazantes de los fusiles
y al cruel verdugo que dará la orden,
que por temor, solo mira su propia sombra.
El sol a tus espaldas,
tu ensombrecido mirar no lo advierte;
sólo tus mejillas que sienten la fresca ventisca,
tu silueta en postura gallarda
como lo ha sido tu transitar en esta vida,
sin renunciar ni claudicar.
No hay ruido de grillos, ni las aves festejan el atardecer;
recuerdas la vieja tarde del primer dueto
sientes que el tiempo hace una zanja entre los suspiros,
los fusiles en los brazos del pelotón,
no son violines ni habrá serenata en esta fría tarde.
y ella , con sus cabellos azabaches, sueltos,
que sólo los sujetan la capucha de su mirada.
La orden debe partir en un instante
señalando un final,
alguien se seca el sudor, tiene al sol frente a ellos,
y la voz ronca de quien dará la orden,
ha sido refrescada.
Le han preguntado su último deseo a la víctima,
hidalga no ha bajado la frente, aún con la capucha puesta,
puedo adivinar el brillo de victoria de su dulce mirada.
Un relicario y una imagen se agitan en su pecho,
me detengo ante el muro extendiendo los brazos
entre el paredón, tu cuerpo rendido y la jauría de rifles.
Mi voz se hace proyectil y disparo certero a tu pecho
en un veloz grito del alma razgando al silencio:
¡¡¡¡TE AMO!!!!.
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