José Valverde Yuste
Poeta que considera el portal su segunda casa
Bajo el manto estrellado se despliega la noche
es el escudo que abarca tu mirada
en la penumbra, tu alma
se entrega a la aventura
que en la oscuridad avanza.
Ay la sed de la ignorancia,
la quietud de lo desconocido,
una selva frondosa en un lugar
donde los labios tullidos descansan.
La bondad de la profundidad
donde habitan los seres celestes
escapando de su destino.
Silencios que susurran a las sombras
misterios que la luna revela al andar.
En cada estrella,
hay historias nobles y sobras,
que en el cielo nocturno van a brillar.
Diamantes que tañen, lagos azules
donde flotan nubes de algodón
que se volatilizan
como nuestros cuerpos al pasar
por el anillo de la infinita verdad,
donde los corazones duermen .
Juguetonas, voladoras,
volátiles, las galaxias juegan con la noche.
Son moradoras de un lienzo de sueños y secretos,
donde convive lo etéreo y lo profundo,
la bondad y la maldad, los dientes afilados
y las guadañas sin usar.
En lo profundo de la noche
en el hábitat del universo
entre susurros y destellos discretos,
se teje el encanto de este mundo.
Luces que a los demonios encandilan
marchitando sus alas
llevándolos al ocaso
de la creación divina.
Allí donde se abrazan las galaxias
y la explosión primigenia
las auroras dañan la visión
del minotauro consternado.
Es un haz de luz
que nos muestra la grandiosidad
del espíritu que navega
guardando lo oscuro
en el bullicio caótico
de lo enigmático de este mundo.
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