Rosendo
Poeta adicto al portal
Con el verbo punzante que blandieron,
Quevedo con un tono criticón
a Góngora tildaba de sayón
y de cura al que diablos lo parieron.
Góngora con la sátira dispuesta
a Quevedo decíale borrachón,
patizambo , cuatro ojos, cegatón...,
con una lengua que por rancia apesta.
Él era en esa etapa ya un anciano;
Quevedo, veinteañero irreverente,
quien con ánimo pícaro y mordiente
lo tachaba de necio culterano.
Con las letras agudas y candentes,
así como el fogón y las avispas,
se picaban en sátiras con chispas
poniendo en cada verso pira y dientes.
En conclusión, entre las obras suyas,
puedo decirles que advertí que ambos
jamás se dedicaron ditirambos,
tan solo versos de filosas puyas.
Quevedo con un tono criticón
a Góngora tildaba de sayón
y de cura al que diablos lo parieron.
Góngora con la sátira dispuesta
a Quevedo decíale borrachón,
patizambo , cuatro ojos, cegatón...,
con una lengua que por rancia apesta.
Él era en esa etapa ya un anciano;
Quevedo, veinteañero irreverente,
quien con ánimo pícaro y mordiente
lo tachaba de necio culterano.
Con las letras agudas y candentes,
así como el fogón y las avispas,
se picaban en sátiras con chispas
poniendo en cada verso pira y dientes.
En conclusión, entre las obras suyas,
puedo decirles que advertí que ambos
jamás se dedicaron ditirambos,
tan solo versos de filosas puyas.
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