Ligia Calderón Romero
Poeta veterano en el portal
Gestación
Se gestó en el vientre de febrero,
el útero de marzo lo alimentó
no era una sospecha mi torero
marzo veintitrés lo adivinaba,
el veinticinco se consumó.
Crecía plácidamente y a sus anchas
el ultrasonido lo confirmó,
y yo rogaba al Dios Omnipotente,
por un verdadero milagro de amor.
Vino abril con su horma abultada
con ello la incertidumbre creció,
luego a mayo con sus inclemencias
el meteorólogo pronosticó.
No daban tregua sus inviernos
crueles lluvias de vinagre y sal
lavaban de la tierra sus mejillas
borraban las huellas de su faz.
Ese mismo mayo de parálisis
conjugado con un poco de dolor
entre contracciones, miedos y desmayos
una monstruosa criatura su vientre alumbró.
Pido clemencia al tiempo para soportar el desamor,
ausencia subrepticia, ni siquiera se despidió.
13 de junio, 2008
Se gestó en el vientre de febrero,
el útero de marzo lo alimentó
no era una sospecha mi torero
marzo veintitrés lo adivinaba,
el veinticinco se consumó.
Crecía plácidamente y a sus anchas
el ultrasonido lo confirmó,
y yo rogaba al Dios Omnipotente,
por un verdadero milagro de amor.
Vino abril con su horma abultada
con ello la incertidumbre creció,
luego a mayo con sus inclemencias
el meteorólogo pronosticó.
No daban tregua sus inviernos
crueles lluvias de vinagre y sal
lavaban de la tierra sus mejillas
borraban las huellas de su faz.
Ese mismo mayo de parálisis
conjugado con un poco de dolor
entre contracciones, miedos y desmayos
una monstruosa criatura su vientre alumbró.
Pido clemencia al tiempo para soportar el desamor,
ausencia subrepticia, ni siquiera se despidió.
13 de junio, 2008
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