¡Ay granada de mi vida!
¡Alcazaba de mis sueños!
¡Los sueños que en mi memoria
despiertan con los recuerdos!
El valle Valparaíso
dulce, ¡tan dulce! que anhelo
esa plácida frescura
a la sombra de sus huertos.
¡Ay Granada, amada mía!
tu sol brillante encendido
quiero verlo desde el cielo
con mi corazón cautivo
siempre con el mismo celo.
La música de tus ríos
bailan gitanos morenos,
y el Darro en su melodía
canta una zambra con ellos.
Quien cogiera de tu rostro
tantos claveles ardiendo
y esas alegres mantillas
con que engalanas tus senos.
Quien mirase la nevada
de tus floridos cerezos
cuando en abril se coronan
de blanquísimos luceros.
Quien oyera entre olivares
el rumor del aire fresco
que perfuma esos lugares
con los olivos durmiendo
entre los blancos cortijos
y el rojo de los terreros.
Contemplo ahora en Granada
el paraíso en silencio,
y buscaré en sus jardines
a Federíco leyendo
los versos de un romancero
con fulgores de jazmínes
que son de sangre en el pecho.
José Soriano Simón
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