Un momento...
El aire fresco antes del amanecer me lleva a través de un campo reluciente de escarcha.
Justo dentro del borde del bosque me siento sobre un tronco herrumbroso. Cerca,
un retoño se acerca hacia las primeras manchas de azafrán del nuevo día. Está roto y
raspado. Cuando la savia suba, morirá.
La noche se deshace lentamente, se disuelve en charcos de color púrpura. La lavanda
lava la corteza moteada de los pinos cercanos.
Comienzan como un susurro a través de la copa del bosque. Ahora tararean una canción
de cuna, ahora imitan un cargamento lejano. Juegan con mis sentidos, suben, bajan, ondulan
por caminos inexplorados. Buscan a mi izquierda, ahora a mi derecha. Los elementos
dispersos se reúnen, se indentifican, renuncian a todos sus secretos. El tren se precipita hacia mí.
Colmado invierno
llegan vientos del alba,
ciervo descansa.
El aire fresco antes del amanecer me lleva a través de un campo reluciente de escarcha.
Justo dentro del borde del bosque me siento sobre un tronco herrumbroso. Cerca,
un retoño se acerca hacia las primeras manchas de azafrán del nuevo día. Está roto y
raspado. Cuando la savia suba, morirá.
La noche se deshace lentamente, se disuelve en charcos de color púrpura. La lavanda
lava la corteza moteada de los pinos cercanos.
Comienzan como un susurro a través de la copa del bosque. Ahora tararean una canción
de cuna, ahora imitan un cargamento lejano. Juegan con mis sentidos, suben, bajan, ondulan
por caminos inexplorados. Buscan a mi izquierda, ahora a mi derecha. Los elementos
dispersos se reúnen, se indentifican, renuncian a todos sus secretos. El tren se precipita hacia mí.
Colmado invierno
llegan vientos del alba,
ciervo descansa.