Nommo
Poeta veterano en el portal
Y vienes a mí, con bendita ilusión, en el rostro, pintado y antiguo, de una sábana santa.
Y eres de Turín, mas recuerdas a la viva estampa de Jesús.
Estás hecho a su imagen y semejanza.
Sacerdote, profeta y rey, según el orden de Melquisedec.
Predicas en el desierto, como san Juan Bautista, pero no te cortan la cabeza, por que quiera Salomé.
Te animas a venir a España, como Santiago el Mayor. Con un caballo blanco.
Se te aparece María en un pilar, y nace un nombre nuevo para la mujer.
Te consagras, como san Agustín de Hipona, en la oratoria y en el teatro.
Haces acto de presencia, como Ignacio de Loyola, en Roma, a lo grande.
Como Mahoma, recurres a Alláh, y esperas que no tergiversen tus mensajes.
No-Violencia y No-Ser, para no caer en tentación. No seamos diabólicos.
Y vuelves a tu hogar, dulce hogar, como el carpintero San José, y como el rey Salomón.
Encuentras a tu esposa, que es como la reina de Saba; una mujer varonil.
Una amiga: Una, entre mil. Y ella te quiere...
Y te elige. Te prefiere. Y ahí, acaba todo.
¿ Yo, dónde estoy ?
Soy la obra de tus manos.
Y vienes a mí, con bendita ilusión, lanzándome en volandas, una baraja de naipes.
Vienes a mí, porque quieres venderme en el mercado.
Y eres de Turín, mas recuerdas a la viva estampa de Jesús.
Estás hecho a su imagen y semejanza.
Sacerdote, profeta y rey, según el orden de Melquisedec.
Predicas en el desierto, como san Juan Bautista, pero no te cortan la cabeza, por que quiera Salomé.
Te animas a venir a España, como Santiago el Mayor. Con un caballo blanco.
Se te aparece María en un pilar, y nace un nombre nuevo para la mujer.
Te consagras, como san Agustín de Hipona, en la oratoria y en el teatro.
Haces acto de presencia, como Ignacio de Loyola, en Roma, a lo grande.
Como Mahoma, recurres a Alláh, y esperas que no tergiversen tus mensajes.
No-Violencia y No-Ser, para no caer en tentación. No seamos diabólicos.
Y vuelves a tu hogar, dulce hogar, como el carpintero San José, y como el rey Salomón.
Encuentras a tu esposa, que es como la reina de Saba; una mujer varonil.
Una amiga: Una, entre mil. Y ella te quiere...
Y te elige. Te prefiere. Y ahí, acaba todo.
¿ Yo, dónde estoy ?
Soy la obra de tus manos.
Y vienes a mí, con bendita ilusión, lanzándome en volandas, una baraja de naipes.
Vienes a mí, porque quieres venderme en el mercado.
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