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Historia y cocina en Ereván

danie

solo un pensamiento...
Yezning corta tres hojas de laurel y un ramito de cilantro de su jardín.

Un niño de apenas cinco años
vio como un grupo de soldados otomanos mataron a su familia
y quemaron su casa.

Yezning pica las cebollas, un pimiento
y los dientes de ajo.

Un grupo de soldados turcos
abrieron con sus bayonetas el vientre de una joven embarazada
para saber si su hijo era varón o mujer
y así saldar sus habituales apuestas.

Yezning agrega las hojas de laurel, el ramito de cilantro,
la cebolla, el pimiento y el ajo en una olla para empezar
a cocinar a fuego lento la salsa.

Se entregó por radiodifusión el mensaje
de que por cada armenio muerto se abrirían las puertas del cielo.
Así, también, los lugareños
empezaron a ser parte de la inescrupulosa caza.

Yezning corta unos trozos de cordero y se los agrega a la olla.

En el ferrocarril de Anatolia
cientos de armenios deportados murieron de asfixia.
Otro grupo de armenios murieron intentando cruzar a pie
las ardientes arenas del desierto de Der Zor.

Yezning toma un par de tomates y los pica para terminar la salsa.

Aurora Mardiganian
atestigua sobre el genocidio
relatando cómo un grupo de 16 mujeres fueron golpeadas, violadas
y por último empaladas por el ejercito otomano.

Yezning toma otra olla y en ella le agrega agua,
un poco de sal y una gran dosis de lágrimas.



http://elpais.com/elpais/2015/04/24/opinion/1429895373_661704.html
 
Última edición:
Yezning corta tres hojas de laurel y un ramito de cilantro de su jardín.

Un niño de apenas cinco años
vio como un grupo de soldados otomanos mataron a su familia
y quemaron su casa.

Yezning pica las cebollas, un pimiento
y los dientes de ajo.

Un grupo de soldados turcos
abrieron con sus bayonetas el vientre de una joven embarazada
para saber si su hijo era varón o mujer
y así saldar sus habituales apuestas.

Yezning agrega las hojas de laurel, el ramito de cilantro,
la cebolla, el pimiento y el ajo en una olla para empezar
a cocinar a fuego lento la salsa.

Se entregó por radiodifusión el mensaje
de que por cada armenio muerto se abrirían las puertas del cielo.
Así, también, los lugareños
empezaron a ser parte de la inescrupulosa caza.

Yezning corta unos trozos de cordero y se los agrega a la olla.

En el ferrocarril de Anatolia
cientos de armenios deportados murieron de asfixia.
Otro grupo de armenios murieron intentando cruzar a pie
las ardientes arenas del desierto de Der Zor.

Yezning toma un par de tomates y los pica para terminar la salsa.

Aurora Mardiganian
atestigua sobre el genocidio
relatando cómo un grupo de 16 mujeres fueron golpeadas, violadas
y por último empaladas por el ejercito otomano.

Yezning toma otra olla y en ella le agrega agua,
un poco de sal y una gran dosis de lágrimas.



http://elpais.com/elpais/2015/04/24/opinion/1429895373_661704.html

Conozco muy de cerca, por circunstancias que no vienen al caso, la historia del genocidio Armenio. He compartido con una pequeña comunidad muchas historias de esa barbarie que me dejaban literalmente sin palabras...
Has escrito un poema que con tu permiso voy a hacerles llegar porque estoy segura de que les hará ilusión saber que el mundo no olvida. Tu poema es pausado como la impotencia que ese pueblo ha sentido, duro, como la experiencia que han sufrido...

Gracias por este silencioso grito.

Palmira
 
Yezning corta tres hojas de laurel y un ramito de cilantro de su jardín.

Un niño de apenas cinco años
vio como un grupo de soldados otomanos mataron a su familia
y quemaron su casa.

Yezning pica las cebollas, un pimiento
y los dientes de ajo.

Un grupo de soldados turcos
abrieron con sus bayonetas el vientre de una joven embarazada
para saber si su hijo era varón o mujer
y así saldar sus habituales apuestas.

Yezning agrega las hojas de laurel, el ramito de cilantro,
la cebolla, el pimiento y el ajo en una olla para empezar
a cocinar a fuego lento la salsa.

Se entregó por radiodifusión el mensaje
de que por cada armenio muerto se abrirían las puertas del cielo.
Así, también, los lugareños
empezaron a ser parte de la inescrupulosa caza.

Yezning corta unos trozos de cordero y se los agrega a la olla.

En el ferrocarril de Anatolia
cientos de armenios deportados murieron de asfixia.
Otro grupo de armenios murieron intentando cruzar a pie
las ardientes arenas del desierto de Der Zor.

Yezning toma un par de tomates y los pica para terminar la salsa.

Aurora Mardiganian
atestigua sobre el genocidio
relatando cómo un grupo de 16 mujeres fueron golpeadas, violadas
y por último empaladas por el ejercito otomano.

Yezning toma otra olla y en ella le agrega agua,
un poco de sal y una gran dosis de lágrimas.



http://elpais.com/elpais/2015/04/24/opinion/1429895373_661704.html


Es un precioso poema sobre el genocidio sobre el pueblo armenio. Me ha gustado mucho, refleja muy bien la crudeza del odio desatado y los más bajos instintos de las personas.

Un abrazo cordial.

Jon
 
Yezning toma otra olla y en ella le agrega agua,
un poco de sal y una gran dosis de lágrimas.
La contraposición de ambas realidades, resalta aún más la brutalidad absoluta que denuncias con este poema.

No hay fin para esto. Cada vez estoy más convencido de ello. La bestialidad humana, el fanatismo de todo tipo, la crueldad para con nosotros mismos, desde cada esquina, cultura o raza, nunca ha parado y nunca se parará. Quizá en ese sentido, cuanto antes acabemos con nosotros mismos, será mejor incluso para nosotros mismos.

Un abrazo,
 

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