necros73
Poeta que considera el portal su segunda casa
Historias
Hay días en los que la soledad me cuenta historias.
Historias de amor, de muerte, tristes y tormentosas que me hacen estremecer cuando el silencio transmite con su susurrar los relatos que la soledad va hilvanando e intenta con ellos seducirme.
Historias de hombres y mujeres que aún después de muertos deambulan por entre los mortales, almas en pena que desconocen que sus esquelas adornan las páginas del periódico de ayer.
Seres descarnados que continúan con su monótona rutina, muertos en vida que carecen de sustento, que han fallecido por carecer de sentido, por ese vacío que los consumía, por la melancolía y la angustia de saberse incompletos, de saberse solos en medio de la multitud.
Historias de suicidas que pasan a engrosar las filas de los desamparados, de las huestes malditas que pululan en infierno y purgatorio.
Hombres y mujeres que abandonaron este plano existencial aún inseguros sobre si la muerte era la respuesta efectiva que llenaría aquello que en vida no supieron o no quisieron encontrar.
Soledad, son estas tus historias, reales y crueles, las que me permiten contemplar a hombre y mujer luchando por saberse enteros, plenos a sabiendas que ese deseo de ser, de existir de manera real, no es sino el inútil anhelo del individuo que busca en la muerte lo que cree que la vida le ha negado.
¿ Y todo para qué? Para averiguar, justo en ese último instante de lucidez previo al vacío, que aquello que buscaban estaba allí en esa total incertidumbre llamada vida.
Hay días en los que la soledad me cuenta historias.
Historias de amor, de muerte, tristes y tormentosas que me hacen estremecer cuando el silencio transmite con su susurrar los relatos que la soledad va hilvanando e intenta con ellos seducirme.
Historias de hombres y mujeres que aún después de muertos deambulan por entre los mortales, almas en pena que desconocen que sus esquelas adornan las páginas del periódico de ayer.
Seres descarnados que continúan con su monótona rutina, muertos en vida que carecen de sustento, que han fallecido por carecer de sentido, por ese vacío que los consumía, por la melancolía y la angustia de saberse incompletos, de saberse solos en medio de la multitud.
Historias de suicidas que pasan a engrosar las filas de los desamparados, de las huestes malditas que pululan en infierno y purgatorio.
Hombres y mujeres que abandonaron este plano existencial aún inseguros sobre si la muerte era la respuesta efectiva que llenaría aquello que en vida no supieron o no quisieron encontrar.
Soledad, son estas tus historias, reales y crueles, las que me permiten contemplar a hombre y mujer luchando por saberse enteros, plenos a sabiendas que ese deseo de ser, de existir de manera real, no es sino el inútil anhelo del individuo que busca en la muerte lo que cree que la vida le ha negado.
¿ Y todo para qué? Para averiguar, justo en ese último instante de lucidez previo al vacío, que aquello que buscaban estaba allí en esa total incertidumbre llamada vida.